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Mientras nuestras academias de la lengua piden pasaporte a las palabras extranjeras y verifican su elegibilidad antes de catalogarlas como visitantes o residentes, el japonés da una calurosa bienvenida a los extranjerismos y cada año incorpora en su léxico cientos de términos importados de otros idiomas.
El aporte del español al japonés es exiguo, pero no trivial, pues está presente en el menú semanal de la familia nipona que emplea en nuestro idioma palabras como “ibérico” (carne de cerdo de la península), “paella”, “tapas” y “pan”.
Que al pan en Japón se le llame pan da testimonio del paso de los misioneros españoles y portugueses que en el siglo XVI intentaron convertir al catolicismo el archipiélago antes de ser expulsados.
Aunque el cristianismo fue proscrito, los sacerdotes ibéricos son recordados además por haber enseñado a hornear una mantecada de huevo, harina y azúcar que hoy se considera el pastel más popular de la ciudad de Nagasaki y se vende como kasutera, la pronunciación niponizada de Castilla. (Aquí puede leer más columnas sobre Japón).
Japón estuvo cerrado al mundo casi por completo durante más de dos siglos, luego de los cuales, en 1853, fue abierto a cañonazos por una flota naval estadounidense que le exigió tratados comerciales y empezó a enseñarle, en inglés, los nombres de maravillas gastronómicas americanas como tomate, aguacate y chocolate.
En la segunda mitad del siglo XX, la industria automovilística japonesa se fijó en la cercanía fonética del japonés con los idiomas latinos (pese a su confusión con la ele) y bautizó algunos de sus carros con nombres propios, como el descontinuado Gloria, de Nissan. La tendencia se mantiene con modelos actuales como el Prado, el Premio y el Sienta, fabricados por Toyota.
Al no tener una institución que ejerza la labor detergente proclamada en el eslogan “Limpia, fija y da esplendor” de la Real Academia Española, el idioma japonés acoge los neologismos que sus ciudadanos importan a diario a su habla, casi siempre por razones profesionales.
Las editoriales japonesas echan sus redes a la calle y catalogan la captura en gruesos diccionarios que tienen un fuerte componente de palabras provenientes del inglés.
La más reciente edición del diccionario de extranjerismos de la editorial Sanseido contiene más de 2 mil palabras extranjeras nuevas, para un total de 58.500 neologismos que incluyen vocablos ingleses para confinamiento (lock down), toque de codos (elbow touch) o el temido y popular clúster.
Estos diccionarios suelen compilar voces inglesas prestadas y deformadas por la dicción japonesa, como compiuta (computer), kurejitto kaado (credit card) y rimocon (remote control).
Aparte de la pronunciación, las palabras extranjeras son aclimatadas haciendo uso del gusto japonés por lo breve y apocopándolas a su mínima expresión.
Así, un personal computer (computador personal) se convierte en paso-con y un salaried man (asalariado) se vuelve sarari-man. No se libran personalidades de carne y hueso como Brad Pitt, cuyo nombre en japonés fue achicado a Bura-pi, ni Leonardo DiCaprio, que cuando visita Tokio tiene que conformarse con el menguado Di-capuri.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.