Publicidad

Los educadores

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Cuando uno logra entender las razones detrás de los cientos de “falsos positivos”, cuando uno lee los relatos de personas que duraron diez o veinte años secuestrados en jaulas en medio de la selva, cuando comprende que son ciertos los abominables “picados” de Buenaventura, cuando revisa cuántos jóvenes han sido asesinados por llevar la camiseta de otro equipo, cuando logra darle una dimensión al inhumano sobrecupo de las cárceles del país (y descubre las argucias de los asesinos que logran sus mansiones por cárcel), cuando entiende la descomunal proporción de los dineros robados a la salud o por medio de las obras de “infraestructura”, cuando advierte las indolentes cifras de mujeres —y hombres— atacadas con ácidos, la pregunta no debe ser “¿qué clase de personas son las que hacen esto?”. La pregunta ha de ser, ¿qué clase de educación recibieron estas personas?”.

No hay que acudir a las pruebas internacionales para saber cuál es la calidad de la educación en Colombia, ni hay que pensar que la peor consecuencia de esa calidad se refleja en las cifras de crecimiento económico…

Mientras la sociedad, es decir cada uno de nosotros, no se comprometa en obligar a que el Estado movilice los recursos para educar a los educadores y exaltarlos económica y socialmente, no habrá posibilidades de paz en Colombia. La paz la lograremos cuando seamos capaces de hacer lo que Alberto Lleras se propuso, pero se lo impidieron, hace más de cincuenta años: “construir un país alrededor de sus escuelas”. Porque, como lo definió don Agustín Nieto hace más de sesenta años, “la escuela será lo que el maestro sea”.

Eduardo Escallón L. Bogotá.


Tributación y predios rurales

Sobre el artículo “Una discusión de ‘engorde’”, aparecido en El Espectador de ayer, expongo un caso particular:

En mi familia somos propietarios de un predio ganadero en el municipio de Río de Oro, Cesar. Para el año 2012 se presentó un incremento en el valor del impuesto con base en la variación del valor catastral de los inmuebles. Esta variación para algunos predios fue del 1.200 por ciento, pasando un solo predio de un avalúo de $70’322.000 a $854’872.000.

Los predios referidos no tienen vías de acceso, las trochas tienen que ser mantenidas por nosotros en época de invierno. No existe servicio de luz eléctrica, los propietarios hemos tenido que invertir en sistemas de energía solar. No son predios de engorde, sino fincas ganaderas que trabajamos desde hace 40 años.

Felicitaciones por el artículo y ojalá profundicen más sobre el punto de vista de los propietarios que hemos sufrido el abandono estatal y la violencia del campo, que no justifica para nada el aumento en el cobro de los impuestos sobre los predios.


Rafael Manzano

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido