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Se equivocó, presidente

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Muchos estábamos desesperados  con Petro y sus discursos eternos en la Plaza de Bolívar, y su insistencia en aferrarse a su pequeño poder, y su peleadera con Raimundo y todo el mundo, y su incapacidad para mantener un equipo estable, y sus bandazos, y los insoportables trancones de esta ciudad despedidora… En fin, muchos estábamos hasta el cogote con esta Bogotá invivible…

Pero, ahora, muchos estamos molestos con el presidente Santos por el manejo oportunista y poco inteligente que, desde el punto de vista político y del de la estabilidad de la ciudad, le ha dado a la crisis de Bogotá.

Su primer disparate fue precipitarse a desacatar las medidas cautelares, a pesar de que la mayoría de los bogotanos estaba a favor de que no lo hiciera, como lo demostró alguna encuesta. No obstante que eran cosas distintas, Santos hubiera podido esperar unos días a que se produjera el referendo revocatorio y dejarse guiar por el querer de la gente… ¡Las leyes y su interpretación dan para todo! Y en este país de leguleyos, con seguridad alguna salida legal, que no hubiera puesto las instituciones en peligro, se hubiera podido encontrar para dejar a Petro si el referendo lo beneficiaba. Y si no, el desacato de las medidas no hubiera caído mal en los sectores populares y de izquierda, máxime si se tiene en cuenta que ellas apuntaban, como lo establece su exposición de motivos, hacia proteger de la destitución al alcalde mientras las instancias superiores del Sistema Interamericano daban un veredicto de fondo. Pero no, Santos salió cual flecha a tomarse a Bogotá… Y eso contrastó con la actitud mesurada y respetuosa del plan de desarrollo de Petro que ha tenido el alcalde encargado, Rafael Pardo. Y el presidente quedó mal parado…

El segundo disparate fue dar la impresión de que creía que podría dejar a su alcalde encargado durante los 15 meses que le faltaban a Petro y que así le daría estabilidad a Bogotá. Y no: ocurrió todo lo contario: que después de dos semanas de destituido Petro, parece que el presidente lo que ha buscado es dilatar el proceso, y aun no se sabe quién será el alcalde progresista que gobernará la ciudad por 55 días, mientras se suceden las elecciones atípicas. Y a pesar de que se presentó una terna de lujo, encabezada por Antonio Navarro, quien como alcalde de Pasto fue elegido por los más encumbrados empresarios como el mejor alcalde del país, la terna fue puesta por el presidente en manos de las instancias judiciales, es decir, del desgraciado santanderismo y del leguleyismo que todo lo paraliza y lo obstaculiza. Y unos decían que la terna la debían enviar no los Progresistas sino el Partido Verde, no obstante que este dijo que la apoyaba. Y otros alegaban que Navarro está muy viejo para ser alcalde nombrado mas no elegido porque pasa de 65 años. Y los más afirmaban que no lo está porque el general Bonnet fue nombrado gobernador encargado del Magdalena a los 70 años. Ayer parece que todo quedó claro. Y, ahora, que escoja alcalde progresista el presidente, ¡por Dios!

El tercer disparate de Santos fue salir a hacer y prometer en Bogotá, cuando es evidente que no pueden realizar nada muy distinto de tapar los huecos y modificar el Pico y Placa, porque hay un plan de desarrollo, el de la Bogotá Humana, aprobado por la voluntad popular.

¿Y a todas estas qué ha pasado? Que Santos ha bajado en las encuestas, que ya parece seguro que habrá segunda vuelta, y que si ella fuera hoy, Peñalosa probablemente triunfaría.

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