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Se dispuso un pasillo plagado de obstáculos para que un grupo de personas con ceguera adquirida, no congénita, caminara sin ayuda tratando de evitar tropiezos. Los resultados fueron asombrosos: los invidentes lograron pasar la prueba sin mayores contratiempos.
Los investigadores, dirigidos por Beatrice de Gelder, explicaron que en los casos de invidencia adquirida, las personas conservan sanos sus ojos pero atrofiadas las zonas del cerebro encargadas de procesar las imágenes, lo que no impide que regiones aledañas del sistema nervioso central reciban algunas señales y brinden una orientación espacial que han resuelto por llamar ‘visión subconsciente’.
Según los expertos, con el descubrimiento se abre una puerta que, de ser trabajada durante los próximos años, podría permitir a las personas ciegas una anhelada independencia.