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El panorama del empleo en Latinoamérica ofrece una suerte de realidad con dos miradas, una para celebrar y la otra para preocupar, de acuerdo con el más reciente informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la materia, publicado esta semana.
Por un lado, el mercado laboral, en conjunto, regresó a sus niveles prepandemia, habiendo superado los abismos que creó el COVID-19 en la región. Esto ya se había visto en 2023, pero terminó de cimentarse en 2024. Hasta ahí, todo bien.
Pero, al mismo tiempo, el continente regresó a indicadores de hace 12 años, de acuerdo con el análisis de la OIT: “La región lleva más de una década sin avances significativos en términos laborales, ya que ni la tasa de participación ni la de ocupación han superado sustancialmente los niveles de 2012”.
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De acuerdo con Gerson Martínez, especialista regional en economía laboral y autor principal del informe, esto quiere decir que, entre otros asuntos, tenemos una participación laboral estancada: “Hace 12 años 6 de cada 10 trabajadores participaban en la fuerza de trabajo. Y esa misma cantidad lo hace hoy en día. Y esto nos dice mucho del potencial que no está siendo aprovechado en nuestra región”, asegura Martínez en esta entrevista.
Este panorama genera ciertas paradojas, pues afecta más a poblaciones como los jóvenes (a pesar de ser, históricamente, las generaciones mejor educadas en nuestra historia) y a las mujeres (incluso cuando los datos dicen que estudian y se preparan más que los hombres).
¿Cómo podemos explicar que sigamos detenidos en el tiempo en términos de avances laborales?
Uno de los principales, digamos, impulsores de los cambios en los mercados de trabajo tiene que ver con la estructura y la dinámica económica. Y si también volteamos a ver 10 o 12 años atrás, nuestra región ha carecido de estas transformaciones en la economía, en su estructura. Y esto afecta la capacidad para generar más empleo, pero, al mismo tiempo, para que sea de mejor calidad.
Este dato ayuda a ilustrar este punto: en conjunto, la economía del continente tiene los mismos niveles de productividad que registraba en los años 80. Somos las región del mundo que menos ha avanzado en términos de mejoras en productividad. Entonces lo que tenemos es una especie de círculo vicioso entre que no hay crecimiento, no se genera empleo ni incentivos para que una fuerza de trabajo preparada participe en el mercado laboral.
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Este panorama, dice el informe, le pega especialmente duro a los jóvenes…
Sí. Si bien hay evidencia de que, por ejemplo, un año más de estudios aumenta la probabilidad de conseguir empleo y de mejor remuneración, entre los jóvenes esta no es la percepción. Hay un creciente nivel de desaliento de nuestros jóvenes al no encontrar empleos: no solamente en cantidad, sino también en calidad, es decir, en condición de formalidad y bien remunerados.
La región ha avanzado bastante en materia de logro educativo, retención escolar y mejoría de la calidad de la educación. Pero aún así, cuando los jóvenes dan el salto a la fuerza de trabajo, estos logros parecieran perderse. Un ejemplo de esto lo vemos con las mujeres jóvenes, que estudian más que las generaciones anteriores: la tasa de matrícula femenina en universidades es más alta que la masculina en algunos países. Pero al entrar al mercado estos avances se pierden, pues las mujeres no participan tanto como los hombres y siguen estando más ocupadas en sectores de baja productividad, con alta informalidad.
¿Por qué se da este fenómeno entre la educación y el mercado laboral?
Hay varias explicaciones. Primero, lo que comentaba al principio, no ha habido realmente una transformación productiva en nuestros países que permita aprovechar ese potencial en el cual hemos invertido en materia educativa. Vemos cómo algunos países, por ejemplo, del sudeste asiático, han dado pasos en muy corto tiempo para avanzar en transformación productiva a sectores de servicios de alta productividad. Nosotros nos hemos saltado esa transformación productiva pasando de ser, en los años 50, fundamentalmente agrícolas a estar basados en servicios ahora. Pero nos saltamos esa fase industrial, que permitió que muchos países desarrollados ahora puedan también estar basados en servicios, pero de alta productividad y mucho más especializados.
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¿También hay problemas en el sector educativo?
Nos encontramos con que hay una fuerza de trabajo muy bien educada y calificada que, como ya lo dije, no da el salto al mercado laboral. Y aquí hay retos para que las instituciones laborales, y no me refiero a los Ministerios, identifiquen cuáles son las brechas que existen en materia de habilidades y competencias en la fuerza de trabajo respecto a lo que requiere el mercado: la demanda es, probablemente, distinta a lo que estamos formando. Hay brechas de competencias y de necesidades.
¿Por qué fenómenos como la informalidad, la brecha de género y el desempleo juvenil parecen endémicos en la región?
Estos fenómenos, en buena parte, obedecen a la estructura productiva de nuestros países. Si bien ha habido cambios en la economía, estos no detonan transformaciones en el mercado laboral, necesariamente. Por ejemplo, el principal generador de ocupación en nuestros países es el sector terciario, los servicios y el comercio. Y, como sabemos, el comercio, por ejemplo, tiene en su base unidades económicas muy pequeñas, con muy baja productividad y con alta informalidad.
Pero estos datos también llevarían a decir que el crecimiento económico no lo es todo…
El crecimiento económico es indispensable, pero no es suficiente. No todo el crecimiento genera la misma cantidad de empleo. Podemos crear empleos y crecer económicamente en sectores que, como ha estado pasando, tienden a tener más trabajo precario. Y aquí hay que tener en cuenta que las transformaciones demográficas, digitales, verdes generan presiones, claro, pero también oportunidades.
El ejemplo acá son los países del sudeste asiático, que han aprovechado muy rápidamente la transición energética, en temas de movilidad eléctrica, y hoy son la base de algunos de los principales fabricantes de paneles solares o baterías de litio. Y esto ha generado una revolución en generación de empleo de calidad, porque son casi que nuevos sectores que antes no existían. Hay oportunidades en estas presiones que estamos viendo para que detonen cambios en el mercado laboral.
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