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Ciencia hasta en la sopa

Así es. La ciencia está hasta en la sopa. Si lo hubiese sabido, a Mafalda le gustaría la sopa y si no que lo digan los chefs de cocina, a ver si no han tenido que meterle unos gramos de química a sus recetas, una cucharada de sociología y una pizca de sicología.

17 de diciembre de 2008 – 05:00 p. m.

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La ciencia también está en la realidad colombiana, en el invierno que azota al país, en el caso DMG, en los avances de la técnica de los trasplantes, y en el nuevo concepto de la bio-informática, las tecnologías de la información y las comunicaciones al servicio del desarrollo de las sociedades.

La ciencia sirve también a la paz. Desde 2001, celebramos todos los 10 de noviembre el día mundial de la ciencia para la paz y el desarrollo, luego de la declaración por parte de la UNESCO. ‘El objetivo’, dice, ‘es resaltar la importancia del papel de la ciencia y los científicos en la creación de sociedades sostenibles y la necesidad de informar a los ciudadanos de la forma en que la ciencia puede ser utilizada para construir la paz en el mundo’.

Pero desde finales de la década de los años cuarenta salen a la luz pública algunos documentos, hoy históricos por el llamado que hacen para que la sociedad mundial haga un pacto de paz con el desarrollo científico y tecnológico. No estoy hablando del escrito por Vannevar Bush que propone un nuevo contrato social de la ciencia. Hablo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por las Naciones Unidas desde 1948, y que recién acabamos de celebrar su cumpleaños número 60 el pasado 10 de diciembre. En su articulo 27, esta declaración reivindica la ciencia. Dice: ‘Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”. Y continúa defendiendo la protección para los autores de las producciones científicas.

La ciencia tiene que ver con la creatividad para lograr la paz, no solamente la paz política de la que habla Ingrid, sino la paz social en general: la del transporte público, la de los andenes y las calles, la de los campos, la que debe acompañar las rumbas, la paz en el trabajo, la paz que la familia de Mafalda encuentre cuando deje de servirle un plato de sopa sin contarle todo el conocimiento que encierra cada ajiaco o cada puchero…

Periodista científica

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