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La Hora del Planeta es una iniciativa poderosa.
Desde hace siete años ha logrado que miles de personas en cientos de países apaguen la luz por una hora. Ha sido la campaña que más ha movilizado a la gente por una misma causa: pensar en el impacto de cambio climático. La hora es un acto simbólico pero puede ser mucho más.
En diversos países alrededor del mundo, esta campaña ha motivado acciones ambientales. En Uganda se creó el primer parque de La Hora del Planeta como una estrategia para reducir la deforestación de 6.000 hectáreas que se talan mensualmente en el país. En Argentina se aprobó la ley para crear el área marítima protegida más grande del país: el Banco Burdwood. En Botsuana, el presidente Festus Mogae se comprometió a sembrar un millón de árboles nativos. En Rusia se recolectaron millones de firmas para crear una ley que protegiera los océanos de la contaminación de petróleo y se prohibió la extracción forestal en bosques primarios. ¿Y en Colombia? En 2013 se sembraron 30.000 árboles en lugares estratégicos del país.
En 2014, La Hora del Planeta busca ir más allá de los sesenta minutos de oscuridad y desarrollar acciones que contribuyan a la reducción de los gases de efecto invernadero, a través del compromiso de las ciudades y la protección de los bosques con el fin de reducir la deforestación. Las ciudades actualmente contribuyen con un 70% de las emisiones de CO2 por los sistemas de transporte, energía e industria que dependen de los combustibles fosiles. Tenemos que transformar nuestros espacios urbanos para ser mucho más sostenibles y hay buenos ejemplos para celebrar este año: Montería fue nombrada la capital colombiana de la Hora del Planeta dentro de 14 países finalistas y Medellín fue votado por internet como el mejor ejemplo por sus esfuerzos hacia la sostenibilidad. La Ciudad de Cabo de Sudáfrica es el gran ganador a nivel global.
La conservación de los bosques genera beneficios para el planeta. La deforestación es responsable de aproximadamente el 12 al 15% de las emisiones. En Colombia se talan aproximadamente 800km2 de bosque anuales, el equivalente a dos veces el tamaño de Medellín.
Por eso, este año le pedimos a los colombianos apagar la luz por el Amazonas, el bosque tropical más grande del mundo donde se encuentra una de cada diez de las especies conocidas de la Tierra y viven 30 millones de personas de 350 grupos étnicos diferentes. El pulmón del mundo como muchos lo conocen, la mayor fábrica de aire, agua y vida. Pero el Amazonas, a pesar de su exuberancia y su riqueza natural, hoy en día padece grandes amenazas generando la deforestación y degradación: minería, ganadería, caza, construcción de vías. El pulmón del mundo es susceptible de contraer una enfermedad crónica y terminal si no hacemos algo.
Perder una gran porción de la selva más biodiversa del mundo tiene, entre otras cosas, un gran impacto en el clima. El Amazonas ayuda a regular el clima: las hojas de sus árboles absorben la mitad de la energía solar que recibe y sus plantas capturan enormes cantidades de carbono. Es decir, una de nuestras mejores armas para combatir un clima errático e incontrolable es conservar al Amazonas.
Este año la Hora del Planeta, une lo urbano y lo rural, e invita a los colombianos a movilizarse, involucrarse e informarse para desarrollar acciones en las ciudades y proteger el Amazonas. Esta iniciativa demuestra que podemos pasar del acto simbólico de apagar la luz por una hora a generar compromisos reales para la conservación del planeta.
• Directora WWF Colombia