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las cenagosas andanzas del hermano del Ministro del Interior en Antioquia con narcos del Urabá; la desfachatez de un hombre que ordenó secuestrar y asesinar a su bebé mientras posaba ante las cámaras, compungido, exigiendo castigos ejemplares; y un “genio” de cola larga, con tercero de bachillerato, que logró en menos de dos meses lo que no pudieron en seis años la oposición ni los escándalos: poner a tambalear al presidente Uribe Vélez. Son los antipersonajes de 2008.
Su selección, sin embargo, no fue nada sencilla, en un país judicial como éste. Abundan los malos en las noticias, suele decir el lugar común. La barbarie campea. A diario se registran asesinatos. Se cuentan historias tristes. La gente llora. El dolor circula. Lo asombroso de este inventario infame es que la notoriedad llegue por el tamaño del desafío a la ley. Fue este el rasero, precisamente, que le otorgó al desmovilizado guerrillero Pedro Pablo Montoya, alias Rojas, la condenada (y avezada modelo de Soho) Yidis Medina, el ex director de fiscalías de Medellín Guillermo León Valencia Cossio, el cincuentón homicida de Orlando Pelayo y al destronado rey Midas David Murcia Guzmán el deshonroso título de antipersonajes de El Espectador.
No acababa el país de celebrar la muerte de Raúl Reyes cuando se supo que un segundo miembro del Secretariado de las Farc había fallecido. Esta vez, en manos de su propio jefe de seguridad, un hombre de bigote espeso y temperamento helado al que apodaban Rojas, natural de San Roque (Antioquia), con 33 años y segundo de primaria. Ocurrió el 3 de marzo. Rojas se escabulló hasta el cambuche de Ríos y dos tiros de gracia bastaron para eliminarlo junto con su compañera. Luego, simuló un combate y se perdió en la selva, no sin antes amputar la mano derecha del guerrillero como prueba para entregársela al Ejército. Un episodio insólito en 44 años de guerra contra las Farc.
Después vinieron la rueda de prensa en Bogotá, las fotos que certificaban el crimen, los anuncios de una millonaria recompensa y la promesa de no procesarlo. El Gobierno festejó con bombos y platillos la noticia. Sus opositores criticaron ácidamente que se le pagara con dineros del Estado a un matón que públicamente había reconocido serlo. El Ejecutivo ripostó diciendo que se pagó por información y no por muerte alguna. La controversia nunca se zanjó y lo último que se supo fue que Rojas denunció que no le pagaron la recompensa prometida, que se ha salvado de dos atentados de las Farc, que está aislado en una celda de La Picota, investigado por innumerables delitos, y que su familia corre peligro. Es el epílogo del Judas contemporáneo.
El caso Rojas fue sepultado por un nuevo escándalo con nombre y apellido: Yidis Medina Padilla. El 30 de marzo anticipó un libro con los secretos de la reelección. Dos semanas más tarde la Corte abrió una investigación en su contra. Para el 25 de abril, estaba detenida. Y dos meses después, condenada. En un acto de contrición suicida, Yidis reveló que vendió su voto a cambio de puestos, que el Gobierno fue ingrato y mal pago, que fue un desengaño la burocracia que nunca llegó y que le prometieron regentar y que por eso habló y salpicó y puso en aprietos a la guardia pretoriana de Uribe. El Gobierno la tildó entonces de loca, de psicópata, de extorsionista y de corrupta. Y se conocieron expedientes que la relacionaban con una presunta estafa y un secuestro en Barrancabermeja.
Yidis dijo que el Gobierno quiso aplastarla y que lo hizo. El Presidente se vio obligado a dar explicaciones a la Comisión de Acusación. Otros tuvieron que hacerlo en la Fiscalía. Fue el escándalo de la yidispolítica y lo provocó una mujer vanidosa, que tuvo una “palomita” de tres meses en el Congreso en 2004, pero que antes se ganó la vida como aseadora, vendedora de helados o repartiendo tintos en el Concejo de Barrancabermeja. Nadie sabe aún si lo ha confesado todo, pero todos le caen por lo que ha confesado.
En agosto, salió al baile Guillermo León Valencia. La Fiscalía lo acusó de hacer parte del narcoimperio que erigió en el Urabá Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario, de recibir dineros de la mafia, de entregarle información reservada al narcotráfico y de destruir pruebas que lo incriminaban. En esencia, un prontuario de unos quilates que van en contravía con el hombre encargado de administrar justicia en Medellín y, como si fuera poco, hermano del ministro de Justicia, Fabio Valencia Cossio. Pese a la contundencia de las grabaciones en poder de la Fiscalía, Guillermo defendió su inocencia y el Ministro no renunció.
La última semana de septiembre, el país se escandalizó por el secuestro en Chía (Cundinamarca) de Luis Santiago Lozano, un bebé de 11 meses. Sus padres, Ivonne Lozano y Orlando Pelayo, denunciaron lo acontecido y pidieron cualquier información para hallar al niño. La Policía ofreció recompensas de hasta $10 millones. El país entero se paralizó en una jornada de oración para pedir por el pronto regreso del pequeño. Pelayo posaba teatral junto a su compañera destrozada. Tres días después del rapto admitió ser el cerebro del plagio. Adujo no tener dinero para mantenerlo, aunque sí desembolsó la cifra de $500 mil para desaparecerlo. En eso tasó la vida de su hijo. Veinte días más tarde, una jueza de Zipaquirá anunció una condena ejemplar en contra de Pelayo, pero Colombia ya tenía puestos sus ojos en otro hecho: la captura de David Murcia Guzmán.
Murcia, propietario de la firma DMG, se autoproclamaba e redentor de los pobres y resultó, según la justicia, ser un lavador de la mafia. Tiene 28 años y un aire desafiante que le alcanzó, incluso, para retar al Jefe de Estado. Hace cinco años, apenas si tenía con qué comer y pagaba $6.000 diarios por una pieza. Fue coordinador de extras y un actor frustrado. Incursionó en la venta de productos naturales y en 2005 fundó DMG, con un capital de $100 millones. Nadie supo de dónde salió el dinero, pero miles empezaron a lucrarse de él. Luego vinieron las excentricidades: lamborghinis, apartamentos, empresas, contratos multimillonarios, modelos, políticos, periodistas, abogados. Fue la “dmgeización” de la sociedad. Está en la cárcel, ya sin cola y con cuatro millones de estafados que, increíblemente, anhelan su libertad.
Fechas clave
Pedro Pablo Montoya
Marzo 6. Se entrega a tropas del Ejército en zona rural de Aguadas (Caldas). Marzo 10. El Ministerio de Defensa muestra el cadáver de ‘Iván Ríos’ y ‘Rojas’, en rueda de prensa, y explica sus motivos para asesinarlo.Septiembre 2. En entrevista con Caracol Radio, ‘Rojas’ denuncia que lleva nueve días en huelga de hambre por el incumplimiento del Gobierno.
Yidis Medina Padilla
Abril 14. La Corte Suprema le abre investigación preliminar.Abril 25. La Corte ordena su arresto. Dos días después se entrega.Junio 26. Se acoge a sentencia anticipada. Es condenada a 47 meses de prisión.Agosto 29. Por fin abandona la cárcel El Buen Pastor a cumplir su detención domiciliaria.
Guillermo León Valencia
Agosto 14. Es trasladado a la Dirección de Fiscalías de Tunja.Agosto 21. Es declarado insubsistente y sale de la Fiscalía.Septiembre 25. El CTI lo captura en Medellín. Octubre 21. La Fiscalía radica ante la Corte la resolución de acusación en su contra.Diciembre 3. Su juicio es aplazado hasta el 19 de enero.
Orlando Pelayo
Septiembre 28. Es detenido por la Fiscalía y la Policía en Chía.Septiembre 29. Es capturada su cómplice del crimen y ex compañera Marta Lucía Garzón.Octubre 2. El Fiscal General anuncia otra investigación en su contra por la muerte de una ex compañera suya.Noviembre 26. Fue hallado culpable del secuestro y asesinato.
David Murcia Guzmán
Noviembre 19. Sus socios Daniel Ángel y Margarita Pabón son capturados en Bogotá. Él es arrestado, horas más tarde, en el norte de Panamá.Noviembre 21. En su audiencia pública niega los cargos por los que es imputado.