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Los lectores me van a perdonar, pero he decidido comparar en dos jugadas aisladas el comportamiento de dos árbitros, así el reglamento sea uno solo.
En el juego Huila-Equidad, el señor Carlos Anaya, cometió un grave pecado en contra de Pablo César Arango, jugador del equipo bogotano. Ocurrió en una jugada aislada, cuando Arango recibió una tarjeta amarilla, supuestamente por pérdida de tiempo en el cobro de un tiro de esquina. El jugador, de espaldas al juez, no se dio cuenta de la amarilla, porque el árbitro, como debe ser, tiene que convocar al sancionado para que vea el cartón y no se haga el loco. En una acción siguiente, Arango recibió una segunda amarilla y en consecuencia la roja inmediata. Arango, que nunca se dio cuenta de la primera, le enseñaba el número 15 en su camiseta, sorprendido por la decisión. En conclusión, el árbitro necesita estar seguro de la muestra de la cartulina.
En el juego clásico de Londres, entre Arsenal y Chelsea, se presentó una mano clarísima en el área de Arsenal, cuando un defensa intentó evitar una acción de gol. El juez no la sancionó porque no la vio. Hubo un reclamo lógico de los jugadores del Chelsea y el árbitro consultó por intercomunicador a sus asistentes y no solamente expulsó no al jugador referido, sino a otro y determinó el penalti. Esto confirma la obligación de estar los centrales apoyados siempre en sus auxiliares para proceder correctamente.
Ahora bien, equipo que entre dormido a un juego como le pasó al Cali delante de Lanús, en solo cuatro minutos ve cómo se desmorona cualquier intención para ganar. Pueden ser los nervios, las distracciones o como se quiera llamar, pero es obligación para todos entender que desde el minuto 1 hasta el 90, los partidos ameritan atención. Claro que lo mismo ocurrió con Arsenal, que nunca despertó y a los 17 minutos del primer tiempo ya perdía por 3-0, y en la Copa Libertadores, Gremio en el último minuto con Rodolfo le sentenció empate a Newell’s y Cerro Porteño consiguió idéntico resultado cuando ya se creía en otro marcador.
Los jugadores, de cualquier equipo deben ingresar a jugar con la idea de estar atentos a cualquier movimiento del rival. Los lectores perdonarán, pero los pequeños detalles hacen al fútbol imprevisible.