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Estar enamorado es habitar un estado donde la ilusión desborda a la razón; es euforia, alegría intensa y una fe casi irracional que conduce a la idealización; es un territorio emocional envidiable e inevitable cuando los estímulos son tan poderosos que ni la lógica logra frenarlos. Así se siente el enamoramiento cuando todo parece posible.
En Barranquilla, esa ilusión hoy tiene nombre y apellido. José Enamorado fue el gran protagonista de los primeros 90 minutos de la final de la Liga BetPlay 2025-II, en la que Junior fue implacable ante Deportes Tolima y lo goleó 3-0 en un Metropolitano encendido. El extremo atlanticense dejó al Tiburón a un paso de la estrella número once. Aún restan 90 minutos decisivos en Ibagué, pero la ventaja conseguida en casa no es nada despreciable y llena de confianza a un equipo que se ilusiona con cerrar el semestre a lo grande, empujado por su jugador más inspirado.
Enamorado tardó apenas cuatro minutos en desatar el furor juniorista. Desparramó a Júnior Hernández, dejó sin cadera a Brayan Rovira y clavó la pelota en el ángulo con una definición exquisita. Marcar en una final ya es especial, pero hacerlo así ya es otro nivel. No satisfecho con abrir el marcador, volvió a aparecer para sellar el 3-0 antes del descanso. Ganó en velocidad, atacó otra vez la espalda de Hernández y picó la pelota ante la salida de Neto Volpi para adelantar en Barranquilla la llegada del Carnaval.
Enamorado fue determinante cuando más importaba. Tras cuadrangulares en los que el gol le había sido esquivo, emergió en la final con autoridad y apareció en el momento exacto, cuando la historia exige la valentía de asumir el protagonismo.
Este semestre fue distinto para el barranquillero de 26 años. Con la salida del venezolano Luis Cariaco González, la camiseta número diez quedó libre y Enamorado asumió el peso simbólico. Con Alfredo Arias no fue titular al inicio, pero se ganó el puesto a punta de rendimiento. El clausura 2025 terminó siendo, en el aspecto individual, el más fructífero de su carrera en términos de gol junto con el apertura 2023, cuando defendía los colores de Santa Fe.
Este semestre recuperó la confianza. Registró cinco goles y dos asistencias en el todos contra todos. En semifinales no convirtió, pero aportó dos pases de gol en la serie ante Atlético Nacional, el rival directo en esa fase.
El contraste con el primer semestre es evidente. En esa mitad del año, Enamorado apenas anotó un gol en 24 partidos. Bajo el mando de César Farías, pasó casi un año con escasa producción ofensiva, luchando contra la sequía y la falta de continuidad.
“Los jugadores de fútbol son los dueños de la verdad en este juego”, dijo el profe Arias al elogiarlo el pasado viernes. El entrenador uruguayo encontró la fórmula para potenciarlo. Le encendió la chispa que parecía apagada.
Quizás esta sea la mejor versión de Enamorado en el fútbol profesional colombiano. Debutó hace ocho años en Orsomarso y mostró destellos de promesa. Luego, en Cali, su primera vez con Arias, no encontró regularidad y volvió a la B con Real Cartagena para reinventarse. Entre 2022 y 2023 se afianzó en primera división con Santa Fe y desde hace dos años y medio defiende los colores del equipo de su tierra. Así como su paso por Junior, el enamoramiento tiene altibajos. Hay felicidad, pero también aparecen la ansiedad, el miedo y la inseguridad. Superar esas pruebas abre la puerta a un final feliz.
José Enamorado ya ilusionó a Barranquilla con unos primeros 90 minutos brillantes ante Deportes Tolima, pero aún quedan otros 90 por jugar, los más importantes para que ni él ni los hinchas rojiblancos terminen con el corazón roto.
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