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Las confesiones de Yidis

Paso a paso, relató a la Corte Suprema de Justicia cómo fueron los pormenores de la votación para la reelección presidencial y de qué manera intervinieron funcionarios del Estado para hacerle cambiar su decisión en el Congreso. Además detalló cómo se produjeron los cumplimientos de los ofrecimientos del Gobierno.

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En los tres últimos días del pasado mes de abril, en una larga diligencia de indagatoria ante la Corte Suprema de Justicia, la ex congresista conservadora Yidis Medina Padilla confesó paso a paso cuáles fueron los antecedentes para su voto por la reelección presidencial en junio de 2004 y quiénes fueron los funcionarios que le ofrecieron y gestionaron dádivas para sostener esta decisión en la Cámara de Representantes. Hoy, este interrogatorio es la base de un escándalo político de insospechadas consecuencias.

El Espectador tuvo acceso a este explosivo documento de 50 folios en los que Yidis Medina, casi sin interrupción por parte de los magistrados de la Corte, relató lo sucedido en 2004. Para un período de tres meses, la ex congresista santandereana se posesionó en marzo de 2004 como segundo renglón de Iván Díaz Mateus y justamente le correspondió el estudio del proyecto de reelección presidencial. Ella hoy manifiesta que de entrada advirtió dos grupos de congresistas enfrentados  por la iniciativa de reforma constitucional.

Como ella era conservadora, primero asistió a varias reuniones con sus copartidarios, en las cuales recibió la instrucción de votar el proyecto “porque se iban a obtener compromisos o ayudas con el partido”. Después vinieron reuniones con las bancadas del Gobierno, donde ya estaban los asesores de Palacio y los ministros, en especial Sabas Pretelt y Diego Palacio, “haciendo lobby, sobre todo lo que era el proyecto de reelección, almuerzos, comidas, para su aprobación”. Ya para finales de abril, vinieron reuniones más aisladas.

A pocos días de la votación del proyecto, los partidarios del no a la reelección se reunieron en la casa de Clara Pinillos y, con whisky y comida, se habló largamente del tema, se redactó un documento para devolver el proyecto, y tras su impresión lo firmaron todos, incluyendo ella y Teodolindo Avendaño. Antes de la firma, a Yidis Medina la llamó aparte Telésforo Pedraza y le dijo que firmara, pues él tenía “órdenes precisas del doctor Andrés Pastrana” para no apoyar el proyecto. Después se tomó una fotografía que salió en los periódicos.

Al día siguiente empezaron las presiones. Primero de los asesores de Palacio, Claudia Salgado, y “el hijo del hoy canciller Araújo, quien en ese momento actuaba como asesor presidencial”. El tema era que por qué habían  estado en esa reunión y por la foto. De inmediato la convocaron a un desayuno en Palacio. El mismo  día la llamó el secretario  de la Presidencia Alberto Velásquez, para el mismo desayuno. Y refiere la ex congresista que se habló de “temas relacionados con prebendas políticas” para que se votara la reelección.

Cuando terminó el desayuno citaron a otro para el dos de junio, pero Yidis decidió no ir. Entonces recibió llamada de Iván Díaz Mateus, quien le dijo que tenía que hablar con ella y con el Presidente de la República. Ella afirmó que no y apagó su teléfono celular. Así que las presiones empezaron sobre su asesor César Guzmán, manifestándole a través de él que “por favor no tirara las llaves de Palacio al mar y que si dialogaba, le daban a ella tres meses más de licencia. Yidis Medina no fue al desayuno e Iván Díaz Mateus arreció en sus presiones.

Volvió a llamarla y le dijo que si no accedía a hablar, no le renovaba la licencia y retiraba a su asesor César Guzmán. Así que fue a su oficina en la Cámara y cuando estaban reunidos llegó Sabas Pretelt, quien primero le ofreció seguridad para ella y sus hijos. Cuando el ministro se fue y Yidis hizo lo propio, Iván Díaz Mateus le dijo a su asesor César Guzmán que ella tenía que mirar bien “porque si yo no le hacía el favor al Gobierno Nacional, era fácil que en cualquier momento apareciera muerta”. Esa misma noche siguieron las presiones.

De ambos frentes políticos la llamaban. Los del no y los del sí. Y la volvieron a citar a Palacio. A la nueva reunión acudieron Sabas Pretelt, Alberto Velásquez y el propio presidente Álvaro Uribe. Según Yidis, ella habló con el jefe del Estado y éste le dijo que lo ayudara, “que él necesitaba que votara el proyecto de reelección, porque eso iba a ser bien para el país y que eso era hacer patria, que Alberto Velásquez iba a dar algunas ayudas y que lo pactado sería cumplido de acuerdo con las necesidades de mi región de lo que yo quisiera”.

En medio de los afanes del senador Armando Benedetti para que se firmara un acuerdo frente al proyecto de reelección, Yidis Medina le dijo a Alberto Velásquez que a un tío suyo, de nombre Eduardo Esquivel, lo habían echado de la ESE Luis Carlos Galán. Acto seguido llamaron al director de la ESE y le dieron la orden de que lo contratara de nuevo. De regreso llegó un fax a la oficina del doctor Velásquez confirmando el hecho, y Benedetti se lo mostró a Yidis diciéndole: “Sí ve que el Gobierno es bueno y sí ayuda”.

Al día siguiente, a las once de la mañana, el mismo día de la votación en la Comisión Primera, Yidis Medina volvió a reunirse en Palacio con todas las bancadas uribistas y el presidente Uribe. Se finiquitaron los últimos detalles y hacia la una de la tarde se fueron las bancadas hacia el Congreso. Cuando empezó la sesión, los del no a la reelección empezaron a atacarla con discursos muy fuertes. Entonces ella se fue a su oficina. Sabas Pretelt corrió tras ella diciéndole que no los fuera a dejar tirados, que ellos la iban a ayudar.

También llegó el ministro Diego Palacio a ofrecerle instituciones que estuvieran a cargo del ministerio en el Magdalena Medio. Además se planeó la estrategia de llevarse a Teodolindo Avendaño, y que se inventara que su hijo había sufrido un accidente. Cuando Yidis regresó al debate, Teodolindo ya había desaparecido y el congresista Germán Navas Talero la estaba recusando por haber cambiado su voto. Entonces Enrique Maya y todos los conservadores, menos Telésforo Pedraza, de acuerdo con  los funcionarios de Gobierno, pidieron un receso.

Durante la pausa, a Yidis Medina la entraron a una oficina cercana a la Comisión Primera, donde estaba el ministro Pretelt. Previamente habían hablado con el presidente  de la comisión Tony Jozáme –hoy embajador en Brasil–, para que hiciera el receso. Entre tanto, se redactó un documento, a través del cual se dijo que las acusaciones de la recusación eran falsas, pues cuando se votaba era en el instante de la votación. El documento lo elaboró el Gobierno y Jozáme lo sometió a votación para que ella no quedara impedida. Hacia las 4:30 a.m. se aprobó el proyecto.

La hora de la defensa

Después de las denuncias que interpuso el congresista Germán Navas contra Yidis Medina, según ella, a través de Héctor Echeverry, en una reunión en el Hotel Dann con al menos 40 ilustres abogados, le escogieron dos para que la prepararan ante la Procuraduría, la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado. Los elegidos fueron Clara María González y Álvaro Montoya. Ella nunca les pagó un peso. Siempre le dijeron que ellos arreglaban y que no se preocupara. Yidis Medina manifestó que se ciñó a un libreto que los abogados le prepararon.

La última cita en la Casa de Nariño

El escándalo de Yidis Medina se activó luego de la publicación de una entrevista con la ex congresista en El Espectador el 30 de marzo. En su indagatoria manifestó que después de la publicación la llamó el secretario general de la Presidencia, Bernardo Moreno, y en su propio despacho, ante su asesora Claudia Salgado, le dijo que no hiciera ningún libro, que eso perjudicaba al Gobierno, porque parecería un ventilador. También la llamó desde Roma Sabas Pretelt y le dejó un mensaje diciéndole que por qué había hecho eso en El Espectador. Después le mandó a un emisario, Hernando Angarita, con quien se reunió varias veces en su apartamento y le dijo que Moreno decía que ella estaba loca. Además, le expresó que a él lo iban a nombrar como superintendente de Salud, que tratarían de convencer a la bancada de Cambio Radical para que lo apoyaran, y que después él se encargaría de ayudarle. Eso sí, debía enviar un oficio al periodista Daniel Coronell para que no sacara el video con la entrevista.

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