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Todo el mundo habla del cambio climático. Los optimistas creen que un esfuerzo conjunto para reducir las emisiones de gases y la contaminación permitirá ponerle freno a esta tendencia. Los pesimistas tienen pesadillas con un mundo devastado por sequías e inundaciones de proporciones inimaginables. Y entre los dos extremos se ubican los pragmáticos, como el alemán Manfred Kern, estratega de la división de cultivos de la multinacional Bayer, quienes intentan anticiparse a los cambios y trabajan en el desarrollo de tecnologías que nos permitan sobrevivir a las nuevas condiciones que tendrá la Tierra.
Tres grados más en la escala de temperatura y el mundo que conocemos hoy se habrá transformado radicalmente. Según el alemán Kern, de paso por Colombia para participar en diferentes foros sobre agricultura y cambio climático, el área de producción de los denominados cultivos de seguridad alimentaria, es decir: maíz, soja, trigo, arroz y canola, cambiará a la vuelta de tres a cuatro décadas. Aquellos cultivos asentados hoy sobre la línea ecuatorial se irán mudando cada vez más al norte, hacia los polos, en busca de temperaturas más bajas.
Millones de hectáreas que hoy son cultivables y la fuente principal de alimentos para países enteros sufrirán los rigores del cambio climático y dejarán de ser territorio para la agricultura. En Filipinas, por ejemplo, los cultivos de arroz corren el riesgo de arruinarse, al igual que en India. Corea del Sur tendrá problemas con sus cultivos, pero Corea del Norte puede salir beneficiada. Lo mismo en las zonas centrales de África. “Tendremos ganadores y perdedores”, resume Kern.
¿Cómo evitar un desastre? Ingeniería genética es la respuesta del alemán. Si los sistemas de irrigación, el mejoramiento de especies y el uso de fertilizantes le permitieron a la humanidad dar un salto agrícola para alimentar a 6.000 millones de personas, los organismos modificados genéticamente permitirán alimentar una población aún mayor a la vez que producir biocombustibles.
Pero en opinión del especialista, debemos adelantarnos al menos en diez años a la aparición de los cambios. Por eso, los esfuerzos de los investigadores de multinacionales expertas en la producción de semillas se concentran en el desarrollo de plantas resistentes a estresantes ambientales, plantas que soporten la sequía, el calor, las nevadas y las inundaciones.
“Cuando las plantas dejan de recibir agua por un período de tiempo determinado mueren al no ser capaces de activar toda la energía que tienen para superar esta situación desagradable. Normalmente si una planta ha perdido el 50% de los recursos energéticos, no existe posibilidad de retornar a la vida, con o sin agua”, explicó Kern. Una situación que puede revertirse modificando genéticamente las plantas y alterando su fisiología.
Los científicos de Bayer, por ejemplo, trabajan en el bloqueo del proceso de agotamiento de las plantas. De esta manera, un cultivo sometido a sequía puede soportar por varios días, y cuando regresa la lluvia es capaz de reactivar su metabolismo.
“Los países que no incorporen esta tecnología están perdiendo opciones futuras”, comenta Kern, “los sectores políticos, privados y las universidades de cada país deben trazar estrategias y prepararse para estos cambios”.
Este jueves se celebró el Día Mundial de la Alimentación. Según la FAO, actualmente hay 923 millones de personas afectadas por el hambre y, según el Banco Mundial, 33 países están en peligro de desestabilización y conflictos internos debido al aumento de los precios de los alimentos.
¿Podrá la ingeniería genética resolver esta peligrosa ecuación? Manfred Kern es optimista.