Publicidad

Teoría de juegos

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

¿Quién ganó? Repetida hasta la saciedad, la pregunta se ha convertido en la medida de nuestra locura. Nos obsesionan los juegos de a dos.

Sean Ucrania, la bifurcación venezolana, elecciones y guerra en Colombia, derecha e izquierda, la crisis financiera o el Factor X, tan sólo atinamos a distinguir ganadores de perdedores. Como si el mundo fuese una arena romana y nosotros sus espectadores. Alguien dirá que es una paradoja, pues sabemos bien que en nuestros juegos los ricos ganan. La historia enseña que siempre nos han gobernado los clérigos, los guerreros o los comerciantes. Hoy los dos primeros se arrodillan ante estos últimos. Si ello es cierto, entonces el partido está arreglado.

¿Será por eso que tantos no votan o lo hacen en blanco, sabiendo que al hacerlo terminarán beneficiando a los poderosos? ¿Explica ello el que los colombianos “de bien” —liberales, citadinos, ilustrados—, prestos a denunciar el fascismo populista en la casa del vecino, elijan al día siguiente el fascismo populista y a los beneficiarios de la parapolítica en casa?

Deseamos estar del lado de los vencedores, decía el Adam Smith que veneran pero no leen nuestros decanos de economía, pues los envidiamos y por ello nos causan admiración. Aspiramos a ser como ellos, y no a nuestra propia liberación. La cuestión es digna de un filósofo, Smith o Espinosa. Fue este último quien se preguntó por qué luchamos por nuestra esclavitud como si fuese nuestra salvación.

Panem et circenses, he ahí la razón. Vivimos en crisis, en la falla que separa dos placas tectónicas. Nuestras instituciones, aunque dominantes, son incapaces de enfrentar dicha crisis, cuya apariencia financiera y bélica quizás sea tan sólo un síntoma. En su impotencia, buscan refugio en la adicción a los juegos. “Hay pan, crecimiento económico, empleo precario…”, escribe Michel Serres, a quien he venido parafraseando, “pan, pero sobre todo juegos para olvidar el pan”.

Así, por ejemplo, puede encontrarse harina venezolana Pan en Londres o en los mercados capturados por la estructura parapolítica-criminal que domina la frontera santandereana. Pero no en Venezuela. ¿El control de precios? La mala política de divisas? Economistas disidentes no obsesionados con la inflación los hay en Harvard y LSE (¿los hay en los Andes o la Javeriana?). Me dicen que aun así no se explica el desabastecimiento. La razón es política: lucha de clases. ¿Quién gana?

Ni el planeta ni la sociedad pueden sobrevivir tan sólo con pan y circo. Hemos llegado a creer la falsedad que mil libros de ficción o historia y varias cintas de Hollywood se han encargado de inventar: que el comportamiento de los romanos de antaño exigiendo pan y circo era una manifestación de su decadencia. Falso. Fue la causa.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido