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Parece que el costo del papel no debe ser muy considerable y que lo importante es llenar el espacio disponible antes que darle un uso apropiado y realmente útil. Lo anterior se puede colegir fácilmente al leer y tratar de discurrir sobre lo dicho por el señor Héctor Abad en su nota del domingo 5 de enero. Puede estar seguro el citado columnista que a todos nos importa, y mucho, lo ocurrido en todas partes del mundo, pero sí, tomamos más en cuenta lo que nos sucede personal e íntimamente y luego, de acuerdo a la cercanía de los hechos con nosotros, le damos la importancia relativa que se merece a cada suceso (esa es una ley natural). No podríamos apersonarnos de todos los problemas y las tragedias que a diario suceden sólo en este planeta y menos, como Abad menciona, que incluya el universo, si ni siquiera se sabe qué hay allá afuera; eso nos volvería locos irremediablemente. ¿Abad sí puede?
¿Cómo sabe el columnista que lo que hay afuera en el espacio es basura? Tal vez mucho de lo subido por el hombre a la larga lo sea, pero lo demás no, es parte del universo, como lo somos nosotros; y si el columnista no lo sabe, viajamos en el espacio a más de 107.500 km por hora alrededor del Sol y a más de 945.000 por hora alrededor de la galaxia, dato que nos sirve para suponer que somos nosotros los que atropellamos y no los atropellados por esa “basura”. Es del todo irrelevante la advertencia que nos hace don Héctor sobre la supuesta longevidad de nuestro planeta, pero suponer que el planeta Júpiter es nuestro salvador porque es el parapeto donde se escuda la Tierra de los impactos interestelares es como decir que un edificio de 10 pisos de un municipio vecino es quien nos protege de un temporal. No quiero hacer una disertación muy larga al respecto, pero como datos importantes puedo agregarles lo siguiente: el diámetro de Júpiter es apenas algo más de 11 veces el de la Tierra y si su distancia promedio al Sol es 775 millones de kilómetros, se puede deducir que en su punto más cercano a nuestro planeta estará a 625 millones de kilómetros, más de cuatro veces la distancia de la Tierra al Sol; el diámetro del Sol es más de 109 veces que el de la Tierra y está a sólo 150 millones de kilómetros. Cualquiera puede concluir que nuestro verdadero protector, si así puede considerarse guardadas las correspondientes proporciones, no es el padre de Héctor Abad sino el astro rey: el Sol. ¿Estamos de acuerdo?
Rogelio Pinillos C. Bogotá.
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