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Música para educar
Hace doce años, cuando el profesor Gustavo González se vinculó al plantel de la Escuela Normal Superior Distrital María Montessori, un viejo órgano sin teclas y varias guitarras rotas eran el reflejo exacto del descuido en que había caído la enseñanza de la música en la institución.
Consciente de que el arte podría ayudar a muchos jóvenes a alejarse de malos hábitos y peligros en la calle, a formar su disciplina y a descubrir valores que los hicieran mejores seres humanos, comenzó a trabajar con intensidad.
La estrategia pedagógica bautizada “la música como expresión lúdica”, que lo hizo merecedor del Premio Compartir al Maestro consiste en palabras del propio docente, “en generar espacios para la práctica musical, desde el acercamiento y contacto con el folclor en los más pequeños, hasta la creación de una miniorquesta sinfónica, un grupo de gaitas y una orquesta de música tropical”. Siempre guiado por la idea de que la música debe ser una actividad recreativa y reconfortante más allá de cualquier requisito académico
Con diferentes actividades para recolectar fondos y donaciones, logró que llegaran a manos de sus alumnos flautas, tambores, gaitas, quenas, bombos, baterías e incluso equipos para producción.
El amor por la música, la disciplina y su entrega al trabajo son herencia de su padre, quien trabajó como obrero de construcción para sacar adelante un hogar con nueve hijos, pero que siempre encontró tiempo para interpretar la guitarra.
Gustavo estudió licenciatura en música en la Universidad Pedagógica en Bogotá y ya cumple 20 años como docente. Más allá del reconocimiento que recibió esta semana, un premio por 40 millones que le permitirá pagar la casa en que vive, son las historias de sus alumnos el mejor testimonio de la labor que ha cumplido a lo largo de estos años.
“Quiero dedicar mi vida a la educación”
¿Qué puedo hacer para que mis alumnos se acerquen espontáneamente a la lectura? Fue la pregunta que impulsó a la profesora Martha Mireya Maldonado a diseñar un programa pedagógico en el que, utilizando diferentes secciones del periódico El Espectador, las revistas Cromos y Shock, despierta el amor por los libros entre los estudiantes de la institución Valle del Río de Oro, ubicada en la vereda La Unión Pajonal (Piedecuesta, Santander).
Poco tiempo después de poner en marcha su plan entre los 80 alumnos de la escuelita, descubrió que la revista Súper Estrikas, una historieta sobre fútbol distribuida con el periódico y que forma parte de una estrategia comercial de la empresa Texaco, era la favorita de sus alumnos.
Este recurso se convirtió en el primer paso para engancharlos en la lectura y luego llevarlos, poco a poco, hacia textos informativos y argumentativos. “La revista tiene 24 páginas y ellos la leen sin condicionamientos. El fútbol es un centro de interés en todo Colombia y esto me ha permitido acercarlos a la lectura”, comentó Martha, quien fue seleccionada como finalista del Premio Compartir al Maestro, entre 1.341 propuestas pedagógicas.
Formada en la Normal María Auxiliadora de Cúcuta, esta profesora nortesantandereana decidió muy temprano que dedicaría toda su vida a la educación. Al terminar el bachillerato completó una licenciatura de Lengua Castellana en la Universidad de Pamplona. Actualmente prepara la tesis de una maestría en pedagogía en la Universidad Industrial de Santander.
Como reconocimiento a su labor, la Fundación SM le otorgó una beca para estudiar una maestría en promoción de la lectura en España. También las directivas de la empresa Chevron, patrocinadores de la revista Súper Estrikas la homenajearon en Bogotá.
“Nunca imaginamos que una estrategia comercial llegaría a tener este impacto social”, comentó Shirley González, asesora de negocios de la Chevron Petroleum Company.