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La resurrección del subcomandante Marcos

El ‘mítico’ portavoz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional reapareció en México después de años de silencio y haber dejado las armas.

El subcomandante Marcos. / AFP
El subcomandante Marcos. / AFP

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Enrique Peña Nieto apenas cumple mes y medio de los seis años que tendrá en el gobierno de México. Es un tiempo corto para a analizar los eventuales resultados que entregarán sus políticas, justo en esta fase de instauración. No obstante, en su agenda ha comenzado a surgir una contraparte que había permanecido en silencio durante los últimos años: el subcomandante Marcos, portavoz y mando militar del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), ha vuelto a aparecer con su mensaje de resistencia y unidad popular.

Peña Nieto llegó a Los Pinos en diciembre y con él, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) retornaba al poder después de dos sexenios alejados del poder, tras una larga hegemonía de más de 70 años en siglo anterior y con criticados antecedentes de corrupción y autoritarismo. Contra los gobiernos de PRI se levantó el EZLN y si el PRI regresaba, el subcomandante Marcos también estaba dispuesto a hacerlo. De hecho lo hizo, en diciembre la organización, hoy ya alejada de las armas, emitió tres comunicados. Uno de ellos decía:

«Eso es tener el Poder (…) hacer y deshacer sin tener más razón que la posesión del Poder. Y no importa quién aparezca al frente, ocultándonos. Eso de derecha e izquierda, son sólo referentes para que el chofer estacione el auto. La máquina funciona por sí sola (…) Gobiernos grandes, medianos y pequeños, de todo el espectro político, además de intelectuales, artistas, periodistas, políticos, jerarcas religiosos, se disputan el privilegio de agradarnos (…) el kaos que viene de abajo…Ah, ése… ni siquiera entendemos qué dicen, quiénes son, cuánto cuestan (…) lo que sí es un peligro, un caos verdadero, es que cada quien se haga colectivo, grupo, banda, raza, organización, y en su lado aprenda a decir no y a decir sí, y que se pongan de acuerdo entre ellos».

Dicho comunicado finalizaba con la consigna Marichiweu, que en lengua mapuche traduce “venceremos”. Entonces el pasamontañas de siempre aparecía en México, como apareció en los 90 para ser el símbolo de la insurgencia contra el sistema. Del subcomandante no se tienen certezas, no se conocía su rostro y aunque las autoridades mexicanas en su momento lo identificaron como Rafael Sebastián Guillén Vicente, un profesor de la Universidad Autónoma de México (UNAM), la versión se negó hasta el mito. Sólo se sabía que ese hombre del pasamontañas negro tenía una prosa contagiosa y lideraba ideológicamente un movimiento basado en el legado de Emiliano Zapata.

La difusión de los comunicados generó una marcha pacífica de unas 40.000 personas en el estado de Chiapas, la cuna del EZLN y en donde dieron sus primeros golpes militares. Caminaron en silencio por diversas localidades, sin pronunciar consignas ni palabras. Sólo en silencio, con un pasamontañas negro en la cabeza.

No obstante, Peña Nieto apuntó a lo mismo. El lunes acudió al poblado de Las Margaritas en el zapatista estado Chiapas y lanzó su programa de asistencia alimentaria, la ‘Cruzada nacional contra el hambre y la pobreza extrema’. Sin duda un gesto simbólico también: si el EZLN resucita, él como presidente, no tiene problema en acudir a la zona del viejo actor. Si el ‘zapatismo’ quiere regresar a la agenda política, entonces él va a donde está el ‘zapatismo’ y lanza sus políticas.

El subcomandante Marcos no habló de armas, sino de manifestaciones pacíficas y desde diciembre, luego de cerca de siete años de haber colgado los fusiles, no ha vuelto a aparecer. Eso sí, luce bastante clara su opinión sobre Peña Nieto:, tal y como quedó escrito en uno de los comunicados decembrinos: “Nosotros somos los que mandamos.
Somos más poderosos, aunque seamos menos. No nos importa lo que digas-escuches-pienses-hagas, siempre y cuando estés mudo, sordo, inmóvil. Podemos imponer como gobierno a gente medianamente inteligente (aunque ya es muy difícil de encontrar en la clase política), pero elegimos a uno que ni siquiera puede simular que sabe de qué va el asunto”.

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