Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
No serán muchas las sorpresas que depare el nuevo Congreso.
Abundarán las caras conocidas —buen número de poco deseables y varias valiosas—, y entre las nuevas, las del Centro Democrático serán la pesadilla del gobierno Santos. La incógnita es cuántas curules logre en el Senado, pero aun si son 20 o, debido a la popularidad del expresidente Uribe, que quitará votos a la U, el Partido Conservador y el PIN, ese posible 20% de representación será un retroceso para el uribismo, una pérdida de poder en comparación con el 35% que tuvo en sus años de gloria, cuando el Congreso estaba infestado de parapolíticos.
El corazón duro de la Unidad Nacional (Partido Liberal, la U y Cambio Radical) podría no superar el 50% en el Senado, y los conservadores —divididos entre el amor a Uribe y el amor a la mermelada— pondrán curules en favor del Centro Democrático, lo mismo que el PIN. Los cálculos sobre al Polo apuntan a que pierde escaños, lo mismo que el PIN; sobre la Alianza Verde, que saca entre cinco y seis senadores, y con respecto al MIRA las opiniones se dividen entre quienes creen que pasa el umbral y quienes no. En cuanto al voto en blanco, como se trata básicamente de una elección clentelista y amarrada, tal vez no llegue ni al 3%.
Especulaciones aparte, habrá un Congreso nuevo pero no renovado, y una gran expectativa con respecto a Uribe: el tono de los debates con Robledo, Navarro, Serpa…, si va a respetar las reglas del juego, si se resigna a ser tratado como uno más. Mientras tanto, cerrado el capítulo del Congreso, arranca en forma la campaña presidencial con Peñalosa en la contienda, seguro ganador de la consulta verde.
Una campaña de bostezo, con candidatos que, empezando por el presidente Santos, no les mueven la aguja a los electores, como lo reflejan los bajos porcentajes de intención de voto que registra cada uno y el 30% que marca el blanco, situación que sufrirá cambios radicales con los resultados de hoy. Por muchas curules que saque al Centro Democrático, no se convertirá en el motor de propulsión de la candidatura de Óscar Iván Zuluaga, que tendrá que pensar seriamente en sumar esfuerzos con Marta Lucía Ramírez, lo que no garantiza un repunte de la candidatura uribista que ponga en jaque la reelección de Santos.
Tampoco la posible alianza del Polo y la UP alrededor de Clara López le pondrá picante a la campaña, pues si bien hay espacio para una tercería, es difícil que prospere por el flanco izquierdo, por varias razones: la tardía unidad por cuenta del Polo, entrampado en la ideología; la godarria generalizada, y la mala experiencia, aunque por diferentes motivos, de Moreno y Petro en la Alcaldía de Bogotá, que le pasarían factura a la candidatura de la izquierda.
La tercería podría armarse, entonces, desde el centro, con Peñalosa, que puede capitalizar el triunfo en la consulta y podría derrotar la posible coalición Zuluaga-Ramírez. “Podría representar lo que en otras elecciones fue (sic) Carlos Gaviria, Noemí Sanín o incluso Mockus”, dice el analista Héctor Riveros en su columna de Lasillavacia.com. Si el exalcalde —errático en política— no mete la pata y construye una propuesta y un mensaje que interpreten, al menos en parte, el descontento generalizado, podría convertirse en el verdadero contendor de Santos. Frente a un gobierno que se raja en ejecución e incurso en las prácticas clientelistas de siempre, tiene las credenciales de un administrador capaz de convertir las promesas en obras (“No más obras, más promesas”, se leía en las paredes de Bogotá cuando fue alcalde), y de haberse hecho como outsider, contra el clientelismo. Si no mete la pata —insisto— y aunque con pocas posibilidades de ganar, Peñalosa podría ser el gallo que le meta espuela a la campaña y le baje la cresta al presidente que la cree ganada por W.