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Basura, con o sin Petro

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El programa «Bogotá Basura Cero», que tiene como meta reducir, separar y aprovechar los residuos sólidos que generamos los ciudadanos, es un propósito bueno y necesario. Otra cosa es que la forma como intentó ejecutarse haya sido tan desastrosa que hoy se cuestiona la continuidad del alcalde.

En este tema, lo más relevante no es si Petro sigue o se va, sino qué vamos a hacer con las basuras. Cada día producimos más basura y las acciones de instituciones, productores de basura —ciudadanos y empresas— y recicladores hacen que la tendencia sea el incremento de basura. La ciudad cada día está más sucia y los rellenos sanitarios más cerca de colapsar.

Antes que separar y reciclar, hay que reducir la producción de basura. Tarea que, como consumidores, depende de nosotros. Si disminuimos la compra de productos que generan basura innecesaria y compramos aquellos que no generan basura, o generan menos, ya estamos haciendo algo por nosotros y por el medio ambiente. Por ejemplo, compremos agua, gaseosa y cerveza en el tradicional envase reusable de vidrio y no en desechables (plástico, latas o envase de vidrio no reusable). Mandemos esa señal a los productores: les compraremos más si sus productos generan menos basura. El productor vive del consumidor, no al contrario. El poder está en nosotros que decidimos qué comprar.

Acabo de conocer una experiencia chilena, liderada por una colombiana, que demuestra que el consumidor prefiere ser limpio y que, una vez educado, contribuye a ensuciar menos el planeta. La iniciativa se llama Triciclos y su propósito es la sustentabilidad y el reciclaje. Está cambiando la mentalidad de la gente, enseñando y motivando a reciclar desde la casa. Con la cooperación de empresas y municipalidades, ha establecido lo que la ciudadanía reconoce como Puntos Limpios, donde se inicia el reciclaje de más de 20 materiales distintos. En Colombia también hay muchos ciudadanos dispuestos a contribuir con el reciclaje: necesitamos un sistema que garantice que, una vez separados los diversos materiales, las bolsas no sean rotas en la calle por los recicladores, ni que luego los desechos sean mezclados para ser transportados en el mismo camión al botadero. En Bogotá, el subdesarrollo se expresa en la cantidad de basura que siempre está dispersa en los andenes: somos puercos, todos vivimos en medio de la basura.

Decimos: yo lo haría distinto, pero esa empresa de basuras es un desastre. El desastre somos todos: administración distrital, ciudadanos productores de basura y ciudadanos recicladores. Nos sentimos exentos de culpa al separar la basura en bolsas blancas para reciclar o negras con el resto. Falta educación, conciencia, compromiso y acción en la industria, los consumidores, las empresas recolectoras y los recicladores. En Chile, liderados por Triciclos, todos están unidos.

No es necesario hablar inglés o sueco para ser limpios; los chilenos nos dan cátedra en español.

Hagámonos cargo de la parte que nos corresponde. Cambiemos o no al alcalde, debemos cambiar de actitud; dejemos la quejadera y actuemos. Levantamiento e insurgencia popular en contra de las basuras, ese es el discurso.

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