Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Una vez más estalla un escándalo en el Ejército Nacional por temas relacionados con la adquisición de pertrechos militares, algo que ha afectado desde tiempos inmemoriales a las fuerzas armadas del planeta.
Por la naturaleza de sus funciones y su estatus de poder dentro de la estructura del Estado, la falta de transparencia ha sido la constante en las erogaciones de las fuerzas de seguridad, agazapadas tras conceptos como “gasto reservado”, “partidas secretas” y “seguridad nacional”.
Problema agravado por la falta de voluntad política de estamentos del Estado y cuerpos elegidos de intervenir en el tema de la contratación militar o impedimentos incrustados en el ordenamiento legal. Tradicionalmente las normas, requisitos y limitaciones que regulan los contratos del Estado no aplican a compras militares.
El mercado de armas en el mundo ha demostrado ser inmune a recesiones, crece cada año y llega a cifras exorbitantes que rondan los US$1.800 billones anuales. Grandes escándalos de corrupción han estallado en países, ricos y pobres, por la compra de equipamiento militar, un mercado infestado de negociantes y comisionistas sin escrúpulos. Incluso países con altos niveles de transparencia, como Canadá, Suiza, Suecia, Australia y Finlandia, se han visto salpicados por escándalos de corrupción relacionados con las ventas militares a países en vías de desarrollo. En potencias emergentes, como India, Sudáfrica, Brasil y Corea, el acelerado armamentismo se ha dado en un mar de corrupción generalizada.
La gran mayoría de fabricantes de armas son empresas estatales de países desarrollados o, como en el caso de Estados Unidos, compañías privadas con profundos tentáculos en los estamentos militares. Gran parte de la ayuda militar que estos países ofrecen está supeditada a la compra de armamentos a “empresas con privilegios”.
Los puntos de quiebre del sistema son varios: en las ventas de gobierno a gobierno son presa de las “tentaciones corruptoras” los funcionarios que investigan la oferta, los que recomiendan, hasta aquellos que toman la decisión final. En las ventas de equipos menores, la corrupción a través de sobrecostos, retrasos y pago de coimas y porcentajes prevalece. Incluso se compran elementos innecesarios, pues la iniciativa de la venta proviene de los intermediarios. Una vez detectados los escándalos, investigarlos se convierte en un desafío adicional. El mercado mundial de la “seguridad” es una zona gris y opaca que ninguna investigación de ninguna fiscalía modificará.