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Esta columna no se trata del “paseo” que nos están dando a los colombianos con la firma de la paz: tres años pa’ riba y pa’ bajo con las negociaciones en La Habana, ni el paseo millonario que el procurador le está dando al alcalde Petro, ni la montaña rusa y el vértigo que nos produce el Ejército chuzando a los negociadores…
Esta columna se trata del PaZeo en cicla que dieron los hiphoppers en Bogotá y en 60 municipios de Colombia por la prevención del reclutamiento de la niñez.
Con vértigo, con prevención y un poco de pánico, los hiphoppers asumieron la misión de organizar esta movilización social de más de cien mil colombianos que salieron en bicicleta, en patines, a pie, a decir: “Yo protejo a la niñez del reclutamiento”.
El pasado 12 de febrero se conmemoró el Día Internacional para la Prevención del Reclutamiento. En Colombia, la Fundación Mi Sangre y la fundación Familia Ayara, en alianza con Usaid, la OIM, el gobierno colombiano y la cooperación internacional, desarrollaron una estrategia comunicativa y una movilización social por todo el país.
—¡Debemos tener cuidado con esa movilización y con lo que decimos! Recordemos que hace dos años asesinaron a tres compañeros en la Comuna 13 de Medellín cuando a los medios les dio por decir que el hiphop le robaba los niños a la guerra —me dijo Diana, coordinadora en Antioquia.
—Quien protege lo apetecido por otro, se convierte en enemigo. ¿Cómo vamos a dar el mensaje sin convertirnos en blanco militar? —César, coordinador en Nariño.
—¿Cómo vamos a desarrollar esta campaña en los municipios, donde esa es una práctica cotidiana y los grupos conviven y creen que la “ayuda extranjera” tiene parte en el conflicto? —Viviana, coordinadora en La Guajira.
—Sería ingenuo hablar de reclutamiento forzado pues en el Cauca muchos jóvenes se vinculan voluntariamente. Es una opción de vida legitimada —Rodrigo, coordinador del Cauca.
–Mijo, yo sé que el hiphop es su vida, pero me preocupan esas movilizaciones en un país tan intolerante como Colombia —me escribió mi madre al Facebook.
La niñez y la juventud son un comodín en estas negociaciones de paz; aceleradamente reclutan jóvenes para inflar las filas o sacan niños por debajo de la mesa para ganar capacidad en la negociación; los que regresan a sus comunidades, por su experiencia y formación militar, son apetecidos por los nuevos grupos, o de manera voluntaria ellos y muchos nuevos se vinculan, por ser la guerra, la criminalidad y la delincuencia la opción de futuro más tangible.
El hiphop es cultura, es poesía, música, pintura, baile. Es un arte que tiene la fuerza de inspirar, de identificar y representar a “buenos y malos”. Por eso son queridos como hijos bobos. Pues son el canal de comunicación para los sin voz. Opresores y oprimidos, víctimas y victimarios que intercambian de rol.
Los expositores del hiphop son jóvenes que provienen de ahí, de esa cantera del conflicto, que conocen y han vivido la realidad más cruda del país; por eso tienen la autoridad para, de manera segura y sin riesgo, dar el mensaje que todos quieren decir y escuchar: “Proteger los derechos de la niñez, sin trucos, ni maquillaje, con herramientas reales, para que algún día haya algo parecido a la paz en Colombia”.
— ¡No se preocupen por los hiphoppers, el arte nos protege! —respondió Thomas Lion, coordinador del Ciclo PaZeo en Bogotá.