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Hace casi 20 años, el Estado colombiano claudicó en su deber de proteger la porción del mercado que legalmente le correspondía a Adpostal.
Entonces se dio vía libre a una competencia desleal que no pudo resistir esa empresa estatal, agobiada además por el lastre del clientelismo.
Finalmente, después de casi 50 años de existencia, murió Adpostal y en 2011 nació Servicios Postales Nacionales (SPN) que, bajo la marca 4-72, navega hoy en un mar de tiburones.
En casi todos los países desarrollados, y en los que aspiran a serlo, existe un gran operador postal, ya sea público o privado. Esto es vital en Colombia para que el Estado pueda cumplir con su deber de garantizar a todos los habitantes del territorio nacional, sin importar su localización geográfica, el servicio postal universal: servicios postales de calidad, prestados en forma permanente y a precios asequibles.
Con la masificación de internet, gracias a aplicaciones como el e-mail y el chat, dejó de utilizarse el correo para muchos fines comerciales y personales. Pero, concomitantemente, el comercio electrónico multiplicó la necesidad de llevar y traer paquetes, lo cual significó una nueva oportunidad de negocios.
Hay que recordar que dentro de los servicios postales, además del correo, está el servicio de giros, que hoy en día es un rubro vital de la economía —transacciones cercanas a los $10 billones al año— y en el que existe el riesgo de que se cuelen indeseables.
La ley 1369 de 2009, aún en medio de sus deficiencias, tuvo la virtud de diseñar un marco normativo que permitió que por primera vez en nuestro país existiera regulación postal para proteger a los usuarios y garantizar la competencia; pronto deben verse los frutos.
Mientras tanto, la realidad es que en Colombia, bajo el ropaje del servicio de mensajería expresa, en muchos casos se prestan indebidamente servicios de correo, exclusivos de 4-72. También es cierto que en muchas porciones del mercado los colombianos les pagamos a las empresas privadas unas tarifas exageradamente altas, lo cual puede cambiar para bien, gracias a las normas del decreto 223 de 2014 sobre el operador postal oficial, que se expidió la semana pasada.