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El chivo expiatorio

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Es curioso cómo los colombianos siempre buscamos, y encontramos, un chivo expiatorio para todo.

La culpa siempre ha de llevarla alguien: si no gano lo suficiente es por los ricos que se guardan la plata, si hay un trancón en la calle es por la mano de incapaces que no saben manejar, si existe violencia en el país es por los paramilitares y los guerrilleros. Pero es curioso cómo tanto los “ricos”, los guerrilleros y los paramilitares y los malos conductores son colombianos.

Por algún motivo los colombianos nos odiamos los unos a los otros y nunca dudamos en culparnos. En la mirada de un colombiano, otra persona jamás es inocente y debe pagar por cualquier crimen del que haya sido acusada, aun antes de que se hayan encontrado las pruebas necesarias para inculparla. Más triste todavía es ver que si alguien piensa distinto a mí, esa persona es malvada o ignorante; nos es imposible considerar que la otra persona es un ser humano como nosotros.

Digo que es curioso porque, luego de 204 años de vivir en guerra los unos con los otros, uno pensaría que estamos cansados de echar la culpa a los demás. Se creería que finalmente hemos aprendido que usualmente no hay malas o buenas personas sino sólo personas y, además, que muchas veces las cosas suceden no por las malas intenciones de alguien, sino por una secuencia de eventos aleatorios, neutros e indiferentes que termina en tragedias.

Hace unos días una madre angustiada llamó a El Espectador y a La Luciérnaga para denunciar el tráfico de armas que sucedía en el Liceo Francés, luego de que su hijo se cortara. El Espectador y Caracol difundieron la noticia y en poco tiempo ya todos sabían que en ese colegio se estaban vendiendo armas blancas. Cuando la comunidad estudiantil del colegio, a la cual pertenezco, se enteró de la noticia, nos sentimos atacados, porque el tal tráfico de armas es una mentira. Sólo ha sucedido un incidente muy grave, pero aislado, en el que un alumno le vendió un cuchillo mariposa a otro.

Lo más natural, entonces, sería culpar a la madre que prefirió llamar a los noticieros, exagerando lo ocurrido, antes de siquiera hablar con la administración del colegio. Pero tampoco fue ella la culpable, sólo actuó de manera precipitada por una comprensible consternación por el incidente en el que su hijo resultó lesionado. ¿Quién es entonces el verdadero culpable? No creo que tal persona exista en realidad, ninguno de los actores estaba actuando de mala fe, por lo que culpar a alguien sólo sería encontrar un chivo expiatorio. Por supuesto, muchos preferiríamos que el articulo jamás se hubiera divulgado, pero estamos agradecidos de que se nos permita explicar lo sucedido.

Camilo Talero ** Estudiante del Liceo Francés.

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