Publicidad

Malditos

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

El reputado Museo Británico de Londres será anfitrión este jueves de la conferencia “¿Los recursos de Colombia: bendición o maldición?”.

 La pregunta no es nueva. Su persistencia sirve de indicio para dar con la respuesta. En principio, no parece difícil responder. Dada la innegable conexión entre las riquezas naturales y la violencia que resulta del enfrentamiento entre intereses económicos y políticos rivales, se trata de una maldición. Dicha posición fue inmortalizada en la literatura latinoamericana de los años setenta por Eduardo Galeano.

En el clásico Las venas abiertas de América Latina Galeano concluía con razón: “Nuestra derrota estuvo siempre implícita en la victoria ajena; nuestra riqueza ha generado siempre nuestra pobreza para alimentar la prosperidad de otros: los imperios y sus caporales nativos. En la alquimia colonial y neocolonial, el oro se transfigura en chatarra, y los alimentos se convierten en veneno”.

Dicho argumento representa la posición predominante en la época, el llamado estructuralismo que desarrollaron entre nosotros el economista de Chicago André Gunder-Frank y el antropólogo brasileño Darcy Ribeiro, asesor de Allende y crítico de lo que denominó entonces “la izquierda que ha perdido su camino”, en referencia a las contradicciones internas de la Revolución chilena.

Tampoco falta razón a quienes responden que la apropiación y explotación de los recursos constituye una fuente de riqueza y prosperidad no sólo para otros, sino también para la nación entera. Su razón es la de los economistas franco-ingleses del siglo XVIII, quienes inmunizaron la propiedad contra los deberes cristianos y comunes de subsistencia apoyados en la teología económica desarrollada un siglo antes en Salamanca y el Smith de La riqueza de las naciones.

Ambas posiciones, en apariencia opuestas, conciben la naturaleza como riqueza indisputable. Releer de manera fructífera el debate entre estructuralistas y sucesores de Smith, desde la perspectiva actual, significa en cambio reconocer que la naturaleza es un tópico de agonía y conflicto altamente localizado, antes que una mera reserva de recursos sujeta al capricho humano.

En este punto convergen, para sorpresa de algunos, la perspectiva de los amerindios y los resultados de la ciencia del cambio climático. Sólo esta perspectiva puede salvar el alma moderna.

Las estructuras que garantizaban el desarrollo y la liberación en el siglo XX nos han convertido en agentes geológicos de la destrucción del planeta en el XXI: de su atmósfera y la totalidad de sus habitantes.

Visto así, el conflicto armado de la Colombia reciente no es ideológico. Se trata de una batalla por introducir más naturaleza en nuestro concepto de propiedad. Si gana este último, perdemos todos.

Óscar Guardiola Rivera*

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido