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Exceso de negligencia

Santiago Villa
10 de febrero de 2014 – 11:00 p. m.

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Las autoridades colombianas deben dejar de ser negligentes en su deber de combatir el exceso de velocidad de conductores.

De cuando en cuando en Colombia hay una sana indignación por los efectos que genera la irresponsabilidad de los conductores ebrios. El legislar en caliente con respecto al tema ha llevado a una de las leyes más duras del mundo contra quienes conducen bajo el efecto del alcohol, y si bien me parece exagerada, en este tema es mejor pecar por celo de control que por permisividad.

Por eso es alarmante que el exceso de velocidad, una infracción que es casi tan peligrosa que el conducir ebrio, escasamente se haga cumplir.

El exceso de velocidad es omnipresente en Colombia, y si bien no superar el límite establecido es responsabilidad, en primer lugar, de los conductores, también es responsabilidad de los funcionarios estatales hacerlo cumplir mediante educación ciudadana, vigilancia y sanciones.

Presento algunas soluciones obvias, que inexplicablemente no se adoptan, y que podrían mejorar significativamente la seguridad de las calles y carreteras colombianas.

La buena señalización es el primer paso para educar al ciudadano. Debe haber una mayor cantidad de señales que informen a los conductores cuál es el límite de velocidad en donde están transitando. También es necesaria una campaña de concientización tan intensa como la ha habido con respecto a los peligros de conducir ebrio. Pero todos estos letreros serían llanamente decorativos si ignorarlos no acarrea duras sanciones, y si no hay forma de saber si el conductor violó el límite establecido.

La segunda es ubicar cámaras con medidores de velocidad automáticos en buena parte de las principales vías. El infractor, entonces, recibiría la multa por correo. Esta técnica sería muy útil en ciudades como Bogotá, y probablemente permitiría evitar tragedias como la que causó Andrea Fernanda Molano, que atropelló a un grupo de niños frente al centro comercial Iserra 100. Si bien la señora Molano es acusada de conducir con grado uno de embriaguez, si en los semáforos de la calle 100 hubiera cámaras y medidores de velocidad, Molano quizás no habría perdido el control del vehículo, pues estaba apurada para evitar el iniciar del pico y placa.

La tercera es desincentivar la violación del límite de velocidad haciendo más costosa la multa que debe pagar quien lo viole, como sucedió con las penas a los conductores ebrios. El aumento, sin embargo, no puede ser exagerado, pues medir el límite de velocidad es una actividad en la que se pueden presentar errores técnicos. Los detectores de seguridad, como se ha denunciado que sucedió con la pistola láser LTI 20.20, pueden tener defectos. Por otro lado, al policía de tránsito no se le debería permitir multar a un ciudadano si no tiene pruebas técnicas de que hubo una violación del límite.

Habrá medidas adicionales que podrían surgir de un debate nacional que ya es urgente. Si bien no son soluciones inmediatas, resulta necesario iniciar cuanto antes el largo proceso de regular el exceso de velocidad y hacer cumplir los límites.

 Twitter: @santiagovillach          

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