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Aunque Pacho Santos llegó a armar el despelote, sí era en el uribismo donde la candidata conservadora habría lucido más y fuera más apropiada.
Viajera de varios frentes políticos y trasladada de distintos partidos de garaje, la verdad es que ella es conservadora básica, como lo es, a la hora de la verdad, todo el estamento uribista y hasta el santismo de Pacho, similar al de su padre, don Hernando Santos Castillo. Nadie les reprocha que pertenezcan a la vieja tendencia de conservar el Estado en sus mejores tradiciones y fortalezas.
Pero el caso Pacho es de vitrina. Aparece ahora, como gran soldado de campaña, cuando ya le pasó la ira por lo que le hicieron en la convención uribista, pero en vez de ayudar al candidato que no despega de su silla Rimax, adhirió a Marta Lucía Ramírez explícitamente. Candidata de otro partido y de otra convención. No desear a la mujer del prójimo era algo que predicaba el catecismo Astete.
Y sale esta señora, muy dueña de sí, muy al día en cuanto foro ha habido y en el que ha participado, tan discutida como discursiva, lanzada finalmente a la palestra de las candidaturas. Representa exactamente el grupo que el Gobierno denomina “enemigos de la paz”, sin serlo, sólo porque dicen no estar con el entreguismo pasivo, en aras de una cesación de fuegos.
Se sabe que la paz se negocia en absoluto secreto, pero salen al exterior declaraciones y proclamas alarmantes, de parte y parte: que no serán rehenes de un proceso, dicen de este lado, que si matan a alguien importante (los demás no importan mucho ), todo se va a pique. Del otro, que el ex presidente Uribe está detrás de cuanto asunto criminal vaya ocurriendo. Y verdad que sería de protestar por las insultantes acusaciones contra un exmandatario de la Nación, con el cual, de todos modos, tendrían que convivir durante el largo posconflicto. Pero el gobierno Santos enmudece, como enmudeció cuando los negociadores de la mesa, jefes de la guerrilla, elogiaron el fallo de La Haya, que alteró la geografía nacional con el expolio de nuestros mares.
La unión del uribismo con Marta Lucía está cantada. Y Pacho la puso a sonar, haciendo el consabido daño que le ha hecho siempre a Uribe con sus locuras, de las que el expresidente sólo atina a decir que a Pachito “se le tiene cariño”.
Bien parece que se la van a jugar los dos candidatos de minorías, Ramírez y Zuluaga, a ver cuál de los dos alcanza la segunda vuelta y luego en ésta ya veremos toda clase de combinaciones de apoyo, de esas que luego complican la gobernabilidad. Pero tal mezcla será la que defina la elección presidencial, puesto que el ilusorio triunfo de Santos en la primera lo dañó la convención azul, ahora y para siempre.
La Bachelet en Chile, la Rousseff en Brasil, la Kirchner en Argentina, la Chinchilla en Costa Rica. ¿La Ramírez en Colombia?