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El más famoso de los profesores de Harvard, Michael Sandel, quien ha hecho de su popular cátedra un ejercicio socrático en el que logra conectar temas abstractos de la filosofía, con la ética a la cabeza, con la vida, con hechos de la cotidianidad, estuvo en Colombia para presentar su libro Lo que el dinero no puede comprar, best seller mundial editado por Random House Mondadori.
Llevó la metodología de su cátedra, que se ha convertido en un espectáculo de docencia que compite con los más populares videos de youtube con más de 10 millones de visitas en distintos idiomas, al auditorio central de la Universidad de los Andes y concedió unas pocas entrevistas, entre otras la que aparece publicada en el portal www.las2orillas.co. Conocerlo y dialogar con él fue impactante por su lucidez, su claridad y su sencillez. Sandel confirma que entre más sabias las personas, mejor comunican, desnudos de soberbia, y más asequibles y simples resultan sus reflexiones.
Reflexiones que caen como anillo al dedo en un momento como el que vive Colombia, ad portas de unas elecciones que están evidenciando la frustración ciudadana frente a la política, los partidos y los políticos. Al punto que por primera vez aparece en las encuestas el voto en blanco triunfador frente al presidente Santos con todas sus gabelas en la aspiración reeleccionista. El voto en blanco expresa la insatisfacción, la rabia, la decepción frente a unos liderazgos que no han estado a la altura y que la gente quiere castigar y de manera activa y no simplemente con la abstención.
Para Sandel, la principal razón de esa insatisfacción, común a casi todas las democracias contemporáneas, es que el discurso político perdió su significado moral. “Hemos perdido la habilidad para discutir y se debía estar debatiendo sobre la justicia, el bien común y las obligaciones recíprocas de los ciudadanos entre sí, que son las tres cuestiones éticas fundamentales que debían tomarse el debate político”, explica. Lo grave es que ninguno de los candidatos actuales tiene el liderazgo moral y la credibilidad para llevar estos temas al debate político, que tendrían que tener como fundamento el ejemplo de vida.
Debates cruciales alrededor del medio ambiente, la explotación extractiva minera, la ausencia de regulaciones del sistema financiero, las condiciones laborales de campesinos y trabajadores, no debían ser abordados tecnocráticamente ni desde las variables económicas, sino darles una dimensión ética, porque precisamente éstos plantean interrogantes fundamentales que tienen que ver con la justicia, la igualdad y la desigualdad, el bien común. Los ciudadanos deberían ser los primeros invitados a participar de estos debates, como debía suceder en una democracia, y no simplemente acudir a ellos en procura de su voto.
La pobreza del debate público y argumental en estas elecciones es llamativo. Campañas de bostezo con candidatos sosos, estragados de mermelada en el caso de los congresistas que buscan reelegirse, ahogados por los rodos de dinero con los que creen podrán, a punta de publicidad e inundación de vallas, convencer al elector. Una campaña que no hace más que confirmar las tesis del profesor Sandel, quien además ha demostrado que el liderazgo intelectual, otro ausente en nuestro país, tiene toda la vigencia.