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La época más musical del fútbol colombiano. Las guitarras, los tiples y hasta las tamboras siguen sonando al ritmo que impone Tolima con su fútbol y disciplina. Y detrás de la época vinotinto y oro, sobre todo de oro, está Hernán Torres como líder y reafirmación de la identidad del equipo y de la región.
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“No me gusta ensillar el caballo antes de montarlo”, dijo Hernán Torres tras vencer a América y quedar a un paso de la segunda final consecutiva con Tolima, pues aunque su clasificación está prácticamente asegurada, las matemáticas aún indican que hay probabilidades para Millonarios. Y ese dicho lo ha caracterizado siempre en su fútbol y en su vida. Los logros obtenidos en la última década son fruto del trabajo y del cuidado de los detalles aún cuando todo parece estar a su favor.
Con Tolima vive un tiempo idílico, y es que parece justicia poética porque la relación con el cuadro pijao atraviesa toda su vida y todos sus esfuerzos dedicados al fútbol.
En 1979 debutó como arquero con el conjunto Vinotinto y oro. Pasó por otros equipos como Quindío, Pereira, Nacional, Medellín, Millonarios y Once Caldas. Fueron casi 20 años de carrera profesional. A comienzos de los 2000 hizo su transición al banquillo y empezó como asistente técnico, nuevamente empezaría un camino en el cuadro ibaguereño. Allí estuvo poco tiempo, pues luego colaboró en ese mismo cargo en Cali, Huila, Pasto y Millonarios.
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En 2007 se estrenaría como técnico. Tras volver a Tolima y ser asistente de Jaime de la Pava -hoy dirige al recién ascendido Cortuluá-, Hernán Torres logró quedarse como entrenador tras la salida del caleño. Estuvo cuatro años y logró un subtítulo en 2010 frente a Once Caldas.
Uno de sus primeros recuerdos empapados de gloria y el origen de una gratitud recíproca se dio en 2012, cuando llegó a dirigir a Millonarios y logró sacarlo campeón tras una racha de 24 años sin levantar un título. Lágrimas de todos sin excepción se rememoran de la noche del 16 de diciembre, cuando Luis Delgado atajó el penalti de la estrella 14 para los embajadores.
Estuvo un año más con Millonarios antes de cumplir un nuevo ciclo por varios clubes. Pasó por Medellín, Alajuelense (Costa Rica) y luego volvió a Colombia para lograr una misión que parecía hacerse cada vez más difícil: sacar a América de Cali de la segunda división.
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Los escarlatas cayeron a la B en 2011. Fueron cinco años de una pesadilla que pese al paso del tiempo seguía sin creerse del todo. Sin embargo, y con dudas en el proceso, Hernán Torres llegó para devolverle a América el lugar que le corresponde en el fútbol colombiano. En 2016 obtuvo el ascenso y de nuevo la hinchada de un equipo grande le expresaba su gratitud, esta vez para dar por terminado un episodio que nunca más esperan que se repita.
Estuvo un año más en América. Pasó a Águilas Doradas y luego se fue a Perú donde fue campeón con Melgar. Después se fue a Costa Rica para dirigir nuevamente a Alajuelense, donde no pudo levantar un nuevo título y desde entonces retornó al país para nunca más irse y volver a donde todo comenzó.
Antes de llegar a Tolima, el equipo de sus primeras veces, dirigió a Bucaramanga, pero no pudo completar un semestre con el conjunto leopardo, de manera que en 2020 llegó al cuadro pijao para quedarse y lograr una nueva épica con el equipo que lo ha acompañado en todos sus procesos en el fútbol.
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Habría que recalcar la justicia poética. Hernán Torres llegó a Tolima y en el primer semestre de 2021 lo llevó a una final contra Millonarios que se definió en El Campín. Del otro lado estaba Alberto Gamero, que le dio la segunda estrella al conjunto pijao en 2018 contra Nacional en el Atanasio Girardot desde el punto penalti. Era otra épica conseguir una estrella en condición de visitante contra un grande del fútbol colombiano.
“Tiene un significado importante porque soy tolimense, porque me hice en la institución como jugador, como asistente y técnico”, dijo Hernán Torres antes de enfrentar a Millonarios en la final del primer semestre de 2021. Aún con ese condimento de enfrentar al equipo con el que fue campeón en 2012, y al técnico que había sido campeón con Tolima en 2018, el entrenador tolimense sabía que su deber estaba con su institución y con todo lo que ella le ha brindado. Y con 2-1 a favor y un Juan Fernando Caicedo como figura, Torres logró la tercera estrella para el Vinotinto y oro en Bogotá.
El Tolima Grande se leyó en las portadas del día siguiente. Y la prensa desde entonces también se refiere al conjunto pijao como el nuevo grande del fútbol colombiano. Poco importa el número de estrellas, aunque cada una son envidiables porque fueron contra Cali, Nacional y Millonarios en sus estadios. Al equipo tolimense lo respetan y lo admiran porque lleva años siendo regular, apostándole a un juego dinámico sin importar la identidad de cada entrenador. Con Gamero y ahora con Torres se ha visto a una escuadra ofensiva y que desvirtúa el argumento del “peso de la camiseta” a la hora de enfrentar a los tradicionales.
Con transiciones rápidas de defensa-ataque, un juego que incluso ha pasado a ser más defensivo, con presiones que buscan más el pase que el jugador y con marcas escalonadas que terminan en posesión a favor de Tolima, el conjunto de Hernán Torres ha sabido ser el que mejor juega este 2021. No solo es el vigente campeón y está a punto de defender ese título en una nueva final, esta vez ante Cali, sino que puntea en la reclasificación con 88 puntos, una cifra que habla de su rendimiento y su regularidad en el año.
Protagonista con los grandes y con un nuevo grande. Lo de Hernán Torres es disciplina, profesionalismo y convicción. Su título con Millonarios, con Melgar, el ascenso de América y ahora una época dorada con Tolima hablan de su esfuerzo para vencer retos y dejar huella. Estando ‘ad portas’ de una nueva final, lo del entrenador de 60 años es para destacar y salvaguardar en los libros de historia del fútbol colombiano por las rachas que rompió y los hechos que dejó registrados en las estadísticas y en la memoria de los hinchas.