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¿Será que la experiencia compartida de la vulnerabilidad frente a la pandemia es suficiente como comprometernos con cuidar a los otros?
La pandemia nos cuenta, muy fuertemente, que todos por igual, pertenezcamos a cualquier geografía, credo, ideología, etnia o género somos vulnerables…, mortales. Nos alerta para ver que la supervivencia de todos y del planeta esta ligada a la decisión individual del auto cuidado.
En una sociedad en la que la desigualdad social mantiene estratificado el sentido de vida de los seres humanos, ¿Será que la experiencia compartida de la vulnerabilidad frente a la pandemia es suficiente como comprometernos con cuidar a los otros?,? ¿Seremos capaces de trascender nuestra historia de desigualdad y avanzar hacia escenarios donde cuidarnos y cuidar de los otros tenga sentido?
Sabemos que la pregunta por el sentido de vida solo ocurre cuando las necesidades básicas y las de significación y pertenencia están satisfechas, entonces, en un escenario en el que mis necesidades de supervivencia y de seguridad están amenazadas, porque no sé si mañana voy a comer o porque vivo en zonas de alta criminalidad, es poco probable que tenga sentido que me dedique a proteger a otros, pues mi vida no es un valor para los demás.
Tampoco parecería probable dirigir mi pasión y compromiso a cuidar generosamente de otros, si habito en una zona o país donde me siento discriminado, ya que en ese contexto no significo nada y, en consecuencia, mis acciones no tienen poder transformador.
No estábamos preparados para atender una pandemia y menos una que requiriera del autocuidado como estrategia de prevención. El Covid-19 nos ha obligado a pensar en el otro, a valorar la importancia del cuidado por los que pasan hambre y viven en las calles, a notar la importancia de aquellos cuyos quehaceres no tenían el reconocimiento correspondiente, médicos, investigadores, auxiliares etc.
Como nos evidencia la limitación del paradigma de escasez en el que vivimos, nos compele a superar la idea de que cada uno de nosotros es solo un engranaje más en un esquema productivo, nos invita a reconocer que somos seres humanos mortales encargados de que la humanidad pueda habitar en un mundo donde cada persona tenga la oportunidad de sentirse segura, significativa y dueña de un poder transformador.
Hoy nuestro valor pasa por conservar la humanidad y el planeta y, además, cuestionar un sistema social en el cual ninguna riqueza alcanza para todos.
Hoy, cuidar ha de tener sentido, aunque las pandemias han formado parte de nuestra historia, esta nos obliga a un acto revolucionario: utilizar la pandemia como la maestra que logró que la humanidad priorizara el cuidado del otro y abandonara para siempre la búsqueda de poder personal para que, entonces la generosidad y equidad social sean el legado que esta generación le deja a sus descendientes.