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No se sorprenda si un día es hospitalizado y ve entrar en la habitación un médico sosteniendo un frasco que contiene larvas de moscas para luego, con unas pinzas, irlas depositando una a una dentro de su herida. Se trata de un antiguo tratamiento de la medicina rescatado del olvido en años recientes y que en Colombia comienza a abrirse camino como alternativa terapéutica para heridas crónicas. Especialmente en pacientes diabéticos.
Felio Jesús Bello, director del grupo de investigación en terapia larval de la Universidad del Rosario, ha consagrado los últimos cinco años de su carrera como entomólogo a investigar todo lo relacionado con esta técnica curativa. En el insectario, ubicado en una esquina de la Facultad de Medicina de la universidad, han nacido 60 generaciones de la especie Lucilia sericata, una mosca que gracias a su apetito por tejidos en descomposición resulta ideal para el tratamiento de heridas.
La terapia larval es utilizada en clínicas y hospitales de países como Israel, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Brasil, entre otros. A pesar de ello, en Colombia fue necesario reiniciar investigaciones al nivel más básico buscando adaptar la técnica a las condiciones locales. Los investigadores de la Universidad del Rosario se concentraron, en primer término, en el estudio de los patrones poblacionales de la mosca, el ciclo de vida, su genética, su biología celular y molecular.
Luego se dieron a la tarea de establecer los parámetros ideales para criarla en el laboratorio: 24° C, humedad de 70 a 80% y 12 horas de luz. Desarrollaron una dieta sintética a base de agar, sales minerales, sangre de cordero y aminoácidos.
Después de esto, realizaron un estudio en conejos para verificar la utilidad en el tratamiento de heridas. “En los conejos en que utilizamos la terapia larval las heridas sanaron en la mitad del tiempo previsto”, comenta Felio Jesús.
Las virtudes de la terapia con larvas de moscas son conocidas desde tiempos remotos. Pero la aparición de los antibióticos en el siglo XX opacó su aplicación. La Biblia refiere el uso de los gusanos para sanar heridas, así como manuales médicos de la Edad Media. Cirujanos que atendieron heridos durante la Guerra Civil en Estados Unidos reconocieron a las moscas como grandes aliados.
Según el experto de la Universidad del Rosario, quien trabaja de cerca con un equipo de médicos de la institución para formalizar el uso de la terapia, “con la aparición de bacterias resistentes a los antibióticos, esta técnica ha vuelto a cobrar importancia”.
Las larvas de las moscas cumplen una triple tarea en las heridas. Por un lado, se alimentan del tejido muerto, limpiando la herida. Por otro, en su intestino albergan sustancias antibacterianas que controlan la infección. Por último, estimulan la producción del tejido de granulación que provoca la cicatrización rápida.
“Queremos hacer una red de larvaterapia en el país”, concluye entusiasta Felio Jesús. Grupos de investigación de otras universidades del país ya han mostrado su interés.