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Al 9 nadie lo nueve (y III)

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Penelope es un personaje universal por tejer, destejer, a(r)mar y desa(r)mar con un propósito muy afectivo.

Los 9 tienen que hacer lo mismo: tejer y destejer con otros, armar y desarmar jugadas para lograr el gran amor, el Aquiles inmarcesible de Helena, el balón de oro del 9. Los goles de jugadores como Crespo, Vilarete, Aristizábal o Falcao hacen homenajes a esos seres que salen de viaje, regresan y tienen que seguir en la ruta.

Recordar esos viajes es hacer homenajes a los goles de Santa, Sapuca, Lóndero, Galván, Palavecino, Ángel, Galeano, Duque, Uribe. En la “recochita” de martes y jueves todos queremos y sabemos ser 9 porque hacemos goles bonitos, feos, solidarios: Gallego, Santi, Carvajal, Gancho, Brolo, El Enano, Chapu, Porfi, Adelmo, Hernán, Juanjo, José Roberto, Bracho, Memo, Pachín, Carlitos, Gustavo, Víctor, Felipe, Churry, Ramón, Robert, Óscar, Elkin, Mazo. Personajes de un cuento o de una novela que se está escribiendo. Hacemos parte de una trama que se narra cotidianamente entre los claustros universitarios y la vida citadina.

Todos fungimos de 9 (hasta el inesperado Santiago Rodas) porque hacer gol es la continuación de la conversación al final del partido, es la esperanza de la revancha, el encuentro fraternal para compartir relatos humanos. Hacer gol es la estética del diálogo cerveciado. Hay calidad y calidez en estos partidos porque hay alegría, soledad, reciedumbre, entusiasmo y demasiada “enjundia”. No hay fuera de lugar porque construimos ese lugar de la misma hechura del fútbol y de los sueños.

Personajes de todos los perfiles y metáforas: bombarderos, morteros y torpedos. Somos metegoles en la “recochita”. Dos palos, dos camisas, dos morrales. Hay que hacer gol. Hacer gol es lo que cuenta. Si no salvan la docencia ni la escritura, salva el gol, salva el grito de gol, salva la potencia del gol, como salva la idea de un poema o el proyecto de la escritura de un libro. No hay que materializarlo, basta soñarlo, pintarlo en la cabeza, decirlo en palabras y, si no se hace, ya existió, ya tiene vida. Todos soñamos hacer el mejor gol de la vida y escribir el mejor libro del mundo.

Nunca hicimos el mejor gol (aún faltan) y el mejor libro siempre está por hacerse, es un escribiendo continuo y amargo. Al 9 nadie lo mueve, es una roca de algodón, un hierro de masmelo, un muro de silencio, una pared de murmullos, en fin… su vida es una paradoja arbitraria. Felicitaciones a todos los integrantes del Nacional y feliz año para todos los que sienten, en un gol, la vida, como mi mamá (Lala), quien también habita esa cancha en la que siguen haciendo goles Víctor Peñuela y Garrincha.

*Juan Carlos Rodas Montoya

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