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A pesar de que los países latinoamericanos tienen ingresos per cápita similares a países como Polonia y Estonia, éstos obtuvieron puntajes superiores en las áreas evaluadas (matemática, lenguaje y ciencia). ¿Por qué, entonces, Argentina, Brasil, Colombia, México, Chile y Uruguay siguen en el fondo de la tabla?
Para el experto, no existe una respuesta única pero advierte que estos países no han logrado integrar una serie de componentes que son comunes en los países que puntuaron más alto como Finlandia, Corea del Sur o Singapur. Puryear se refiere principalmente a cinco estrategias: estandarizar contenidos de clases, incentivos para retener a los mejores maestros, mecanismos para convertir a los maestros en mejores instructores, atención especial a los alumnos deficientes y educación pre-escolar universal.
“Hasta que los líderes no decidan la adopción e implementación de políticas que han demostrado su utilidad, es improbable que la región mejore en las pruebas internacionales”, comentó Puryear.
En algunos países europeos como Holanda o Inglaterra las estrategias de incentivos económicos para los mejores maestros han mostrado beneficios. En contraposición a este modelo, en la mayoría de países latinoamericanos los sueldos de los docentes dependen de los años de servicio y de la formación académica, dos criterios insuficientes para distinguir un buen maestro de uno malo. En Estados Unidos cada vez son más los experimentos que buscan implementar un sistema de recompensas proporcionales a las calidades del maestro.
Tutores y guías para los maestros, que ayuden a mejorar sus deficiencias, también han resultado útiles. “En los países más exitosos en las pruebas existe un énfasis en la supervisión de los maestros. Quienes resultan deficientes en su tarea reciben cursos, guías, tutorías para que mejoren”, explica el experto del Programa de Promoción de la Reforma Educativa en América Latina.
Si bien Puryear descarta la posibilidad de que Latinoamérica sueñe con niveles educativos como los de Finlandia, que ocupó el primer lugar en las pruebas PISA, en un futuro cercano, dice que dar un buen salto es cuestión de cinco o seis años si se toman las decisiones correctas como ha sucedido en Polonia.