Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Hace ocho años que Thomas Friedman publicó La tierra es plana. Por varias razones (incluyendo la caída del muro de Berlín, la multiplicación de las redes de telecomunicaciones y el acceso a internet, las prácticas empresariales de outsourcing, offshoring, insourcing) el mundo se hizo pequeño y cercano.
Al alcance de cualquiera con una conexión, un dispositivo… Y educación. No aquella derivada de la información que Google da de sobra; sino la que permite a las personas interpretar y valorarla, resolver problemas de forma creativa e innovar en marcos colaborativos.
Lo que le parecía a Friedman en ese momento sorprendente (que en 2004 el conductor que le recogía en Praga tuviese su portal web en varios idiomas; o que la señora que le reservaba y vendía los tiquetes aéreos fuese una pensionada despachando desde su casa en California) es ya hoy rutina.
No podía imaginarse que en las plataformas virtuales del grupo chino Alibaba se facturara hoy más que la suma de las ventas virtuales de Amazon y eBay. Ni que una red social, Facebook (al servicio desde 2006) llegara a contar con 1.100 millones de usuarios.
O la oferta de miles de cursos en línea abiertos y gratuitos (MOOC), para que quien quiera (y, de nuevo, tenga la formación) pueda tomarlos en M.I.T., Harvard y de universidades en todo el mundo, en los idiomas que se quiera, sin moverse de Chía, Cundinamarca. O, si se es pequeño empresario, engarzarse en redes globales de suministro para ofrecer sus bienes y servicios. Botas pastusas o animación digital en el mercado global, ¿por qué no?
Se podrá contar con la conectividad y los dispositivos. Sin embargo, sin buena educación, de poco servirán. Publicados los resultados PISA (puesto 62 entre 65, con tendencia a empeorar), más allá de las señales de preocupación oficiales criollas, no parece haber asomos especiales de alarma.
Andreas Schleicher, el hombre detrás de PISA, ofrece algunas pistas acerca de países exitosos en la prueba (What we learn from the PISA 2012 results).
La primera, la de la prioridad en la valoración social de la educación. Educación por encima del consumo inmediato y del gasto militar. Ser educador tiene un aprecio social (y económico) igual o superior a otras alternativas. Desde el punto de vista de niños y jóvenes, la educación como resultado del arduo trabajo y no de la herencia, asociada al estrato social.
Segunda, aquella según la que ningún sistema educativo es superior a la calidad en la formación de sus docentes. Superación de la práctica de los ascensos marcados por los requisitos burocráticos. Currículos flexibles, promoción de redes de cooperación entre maestros y colegios que dejen amplio espacio para innovaciones pedagógicas que, desde luego, contribuyen a generar mejores prácticas, aplicables en todo el sistema (con fuerte apoyo de las tecnologías de la información).
El acuerdo de paz será justificado si uno de sus resultados es la priorización de la inversión en educación de alta calidad.