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Songo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé. Pero, ojo, la trifulca que vivimos es entre los personeros de las instituciones más respetables del país.
Tras los desafueros del Procurador, inhabilitando a diestra y siniestra y la consiguiente desobediencia civil del sancionado alcalde mayor, le cae al alto funcionario el cobro que le hace, con oportunismo, el Fiscal General de la Nación.
Discusión vieja tenían: el Fiscal, acoplándose sutilmente a los tiempos y a las circunstancias cambiantes, tilda de anticuados los conceptos penales del procurador Ordóñez, mientras los suyos son académicamente modernos y se adaptan a dificultosos procesos de paz. Cuando la impunidad obliga para terminar conflictos, toca revestirla con ciertos términos permisivos, bajo el apelativo de justicia transicional.
Es de recibo en el momento atacar al Procurador. Su exageración de quitarle el oxígeno a un político joven y brioso (o “rápido y furioso”, si se quiere ), procedente de un proceso de paz anterior, ha tenido el rechazo ciudadano. No se quería al político, pero tampoco que se llegara a inhabilitarlo. De esta cuerda se prende el funcionario acusador para saltar sobre su adversario de tesis jurídicas, pretendiendo supremacía sobre él y amenazando con reversar sus medidas. Se reviste así de inauditos poderes, que nacen de tanta confusión que es inherente a las cosas jurídicas.
El Procurador General cree poder destituir e inhabilitar a los elegidos popularmente; el Fiscal General cree poder desvirtuar las órdenes del Ministerio Público. Y se sabe que ante él acudió previamente el destituido alcalde y se fundieron en estrecho abrazo y conversación. El salvavidas se estaba preparando.
Hiperactivo el Fiscal, levanta la voz en todos los noticieros, con su piel de niño y su cabeza brillante, sus camisas paso de cebra y sus corbatas amarillas. Otro enfrentamiento proviene de las acusaciones que no cejan, en contra suya, por parte de la Contralora General de la República.
Entuertos entre todos los grandes, sin mencionar el del ex presidente Uribe contra quien fuera su ministro, por pretender reelegirse con clientelismo. Para lo cual Uribe tiene poquísima autoridad moral. Lo que impera por estos días parece ser un pelearse de todos contra todos, para contradecir los cantos navideños de paz a los hombres de buena voluntad, que suenan tan bonito. Vamos, pastores, vamos.
Novena de Aguinaldos: Algunos cuadernillos han cambiado “Raíz sagrada de Jesé” por José, pensando que es error de imprenta. Lo del padre “putativo” de Jesús lo sustituyen pudorosamente por “padre nutricio”. Y, en la oración final, la “Venerable Margarita del Santísimo Sacramento” fue destituida e inhabilitada para siempre. Feliz Navidad.