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Los ciudadanos capitalinos, pues no podemos decir bogotanos porque la mayoría provenimos de todas las regiones del país, y del exterior, nos debatimos con el concepto de buen alcalde o mal alcalde solamente por las obras que hemos visto ejecutar y desarrollar en el corto período de gestión administrativa, pero no tenemos en cuenta que en este período tan corto de cuatro años se pueda calificar a un burgomaestre. En otros países —y solamente para ilustrar cito a Madrid, en España, y a Curitiba, en Brasil— alcaldes visionarios han dejado para la posteridad verdaderos cambios que favorecen a la ciudadanía actual y a las generaciones futuras con obras perdurables y de gran beneficio común.
En nuestra capital han dejado alguna huella perdurable y visible Fernando Mazuera, que desarrolló los puentes de la calle 26; Virgilio Barco, que construyó los parques de la Florida, el Tunal y dio inicio al Simón Bolívar, la Avenida 68 y el Templete Eucarístico; Emilio Urrea, que reconstruyó el estadio El Campín; Carlos Albán, que creó el IDU, inauguró Corabastos y residencias El Parque; Bernardo Gaitán, que inauguró Unicentro y firmó el acuerdo de protección de los cerros orientales; Augusto Ramírez, que promovió la planta de acueducto de Chingaza; Andrés Pastrana, primer alcalde elegido por voto popular, que creó puentes peatonales; Jaime Castro, que recuperó las finanzas, planeó y ejecutó un ambicioso plan vial y sentó bases para una ciudad del futuro, y Enrique Peñalosa, que inauguró el Transmilenio y dio a la ciudad una faz de metrópolis moderna.
Vuelvo, después de varios años de ausencia y voto en las elecciones, por Gustavo Petro y me he mantenido a la expectativa de su labor. Si bien no hay obras visibles que lo cataloguen en el grupo de buen alcalde o mal alcalde, deseo resaltar las actividades no visibles: el POT, garantizar el mínimo vital de agua para estratos bajos, disminución tarifaria del Transmilenio en horas valle, los Camad, protección animal, desarme ciudadano, mejoramiento del Canal Capital, aumento del presupuesto para la educación, importancia del reciclaje de basuras y deshechos, creación de Territorios Saludables para ofrecer programas de salud pública a las comunidades más vulnerables.
Si continuamos juzgando las actividades de los burgomaestres de turno solamente por las obras visibles estamos cometiendo un grave error de juicio. Alcaldes anteriores fueron satanizados y criticados acerbamente y también fueron amenazados de revocatoria de sus períodos y solamente después del paso de los años se ha reconocido el valor de sus gestiones. Recordemos que es difícil construir la confianza y fácil destruirla como pareciera estar sucediendo con el actual alcalde.
Héctor A Chamorro. Bogotá.
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