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Y pensar que hay todavía gente que no le cree. Y recordar que un personaje en Bogotá se atrevió a llamarlo dizque recreacionista.
Si lo que es Juan Carlos Osorio es un señor técnico, un hombre intachable, de valores, caballero en toda la extensión de la palabra, un estudioso de su oficio, obsesionado con el trabajo, perfeccionista a morir. Un poco mañoso, dirán algunos, por su famosa libretica —en la que todo apunta— y los papelitos que les pasa a sus jugadores en pleno partido, pero un señor técnico.
Osorio, eso sí, con una nómina amplia y extraordinaria que dicho sea de paso rota en todos los partidos, volvió a Nacional una verdadera máquina de hacer fútbol, un equipo casi que invencible, que este año arrasó con los dos títulos de la Liga Postobón y de la Copa Colombia.
Es cierto que el estilo de este Nacional no es aquel de los puros criollos en el que el toque-toque y la magia con el balón lo hicieron grande. Este es un Nacional que no es vistoso, marcado con el sello de Osorio, ofensivo, rápido y muy práctico.
Un equipo que pasó la barrera de los 100 puntos (103) y que concretó la delantera más efectiva del año con 84 goles, con apenas siete partidos perdidos y 29 ganados, el más victorioso de los 18 clubes de la Liga. Contundentes cifras para un técnico que, sin duda, le ganó de largo el pulso a Leonel Álvarez.
No tenga duda, cualquier técnico con esta misma nómina no hace lo que hizo este Nacional. No le quite méritos, no sea terco, él es un señor estratega, sí, ese mismo que alguien un día llamó recreacionista. Ojalá de esos recreacionistas estuviera lleno nuestro fútbol.