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Leer y escribir son senderos para afianzarnos, ejerciendo nuestro discernimiento e inteligencia
Teniendo en cuenta mi inacabada experiencia investigativa, académica, pedagógica y administrativa, debo anotar que –hace decenios- nuestro sistema educativo no ha respondido apropiadamente, salvo excepciones, a la creación de condiciones que faciliten el conocimiento teórico-práctico de las artes y los oficios del leer y escribir. Académicos consagrados, de universidades públicas y privadas, hemos tenido que enfrentar las deficiencias existentes en estas materias tan útiles para el goce –a plenitud- de la existencia humana.
Sí, han faltado políticas públicas que, con dimensión de profundidad, potencien oportunamente los cerebros de nuestros niños, enseñándoles a disfrutar la lectura y la escritura. Pues bien, para contribuir al debate sobre el tema, he preparado –para consideración del lector- las siguientes proposiciones. Veamos:
En la actualidad, para un ser humano consciente, no sólo se trata de nacer, crecer y reproducirse, sino de plasmar testimonios sobre el conocimiento, saber y existencia, para ser prolongados por otros: los descendientes, los educandos, los lectores.
Leer es un proceso de búsqueda de sentido; de ir recorriendo el texto y disfrutarlo. Leer es escudriñar el escrito; es buscar cuidadosamente sus mensajes. Leer, no es sólo tener la habilidad de descodificación, de logros o juego de interpretaciones. Es, más bien, “un proceso de abducción; de levantamiento y formulación de indicios e hipótesis sucesivas”. (1) Se trata de leer bien las letras y los distintos lenguajes y, por supuesto, el nuevo lenguaje del computador. Es necesario recordar que la experiencia de la lectura no consiste solo en entender el significado del texto, sino en vivirlo (2), y para leer bien hay que tener afinados todos los sentidos. (3)
Al aprender a leer nos estamos acercando al conocer; es una apertura a las culturas; es un camino decisivo para aprender a conocernos; a comunicarnos; a decir nuestra palabra. Es un sendero para afianzarnos, para fortalecer nuestro discernimiento e inteligencia.
Escribir es un camino para repensar los saberes en búsqueda y recuperar y proyectar parte de la experiencia acumulada. Escribiendo podemos invitar a otros al ejercicio de la libertad, la práctica de la justicia social y la fraternidad.
Al escribir podemos revisar aspectos sustantivos de nuestra vocación y facilitar la existencia de la dialogicidad; es un ejercicio que impulsa a la comprensión de la complejidad humana. ¿Por qué escribir? Porque queremos compartir con los lectores parte de la experiencia, de nuestro aprendizaje; de nuestras formas de ver, vivir, sentir y razonar.
Cuando escribimos, anhelamos comunicarnos con los otros; exponer nuestras ideas; someterlas a discusión; esperar la contradicción y también, el reconocimiento a nuestra labor. Ahora escribo, porque como ser humano necesito socializar mis inacabados conocimientos y reflexiones. Escribo para aprender a ser preciso; para no divagar; para dejar constancia de la evolución de mi pensamiento, porque es bello compartir con los demás las creaciones de nuestro ser. Escribo por amor a los educandos, de quienes espero me superen con el devenir del tiempo; también, con frecuencia, escribo con otros para convocarlos a construir Nación, desarrollo y ciudadanía.
¿Por qué escribo? Porque sin saberlo, fue surgiendo en mí una vocación que estaba latente y fue eclosionando y perfeccionándose lentamente, hasta convertirse en una bella pasión. Escribo porque es un camino para repensar mis saberes en búsqueda y así puedo recuperar y proyectar parte de la experiencia acumulada y contribuir creativamente a construir la paz.
Escribo, porque es una alternativa para crear opinión pública democrática; porque es un espacio para recrearnos con la realidad y con nosotros mismos. Porque es un ejercicio que impulsa el conocimiento de lo humano… Escribir es un placer. García Márquez tiene razón: “Escribo porque quiero ser amado”.
Escribir nos facilita la comprensión interdisciplinaria de la complejidad política, cultural, económica, social y ambiental, tanto a nivel nacional como internacional. ¿Será cierto que escribiendo aprendemos a ser? ¡Cuánto anhelo que leer y escribir sean actos que permitan la profundización de nuestra humanización, en pleno siglo XXI! (4) roasuarez@yahoo.com
P.S. ¡Cuán aleccionante para los demócratas del siglo XXI, el homenaje de gratitud y admiración que le rindieron, a la vida y obra de Nelson Mandela, noventa jefes de Estado!
Referencias
(1) Amplíese con el texto de Fernando Vásquez: (2000). Oficio de maestro. Javegraf. Bogotá, pp. 13-42 y del autor: (2007). Leer y escribir, hoy. Revista Innovación Educativa. Secretaría de Educación Pública. México. Vol. 7. No 41. pp. 61-68.
(2) LARROSA, Jorge (2003). La experiencia de la lectura. FCE. México. p. 365.
(3) Op cit. pp. 390.
(4) Véase la exposición del autor en el Club de Abogados. Colegio de Abogados del Trabajo. http://www.youtube.com/watch?v=97UsxWSECBc
Lecturas inicialesBACHELARD, Gastón. (1995). La poética del espacio. FCE. Bogotá. pp. 732-746. CHARTIER, Anne Marie. (2005). Enseñar a leer y escribir. FCE. México. pp. 89-122. FERREIRO, Emilia. (1999). Cultura escrita y educación. FCE. México. pp. 79-98; 191-205. GALTUNG, Johan. (2012). Construyamos paz y democracia en América Latina: Aportes a su debate y concreción. En: Revista Análisis Político. IEPRI-Universidad Nacional. No. 75. Bogotá, pp. 139-153. Entrevista concedida a Hernando Roa Suárez. HABERMAS, Jürgen. (1989). Teoría de la acción comunicativa. Cátedra. Madrid. Vol. I. pp. 82-99; 136-146; Vol. II. pp. 169-215; 527-573. HOYOS, Guillermo. (2002). “Nuevas relaciones entre la universidad, el estado y la sociedad”. En: Educación Superior. Sociedad e Investigación. Colciencias-ASCUN. Servigraphic. Bogotá. pp. 149-201. LARROSA, Jorge. (2004). La experiencia de la lectura. FCE. México. pp. 361-396; 475-489. MORIN, Edgar. (2003). Unir los conocimientos. Plural Editores. La Paz. pp. 5-16. ROA SUÁREZ, Hernando (2000). Liderazgo: ¿Cómo?, ¿Por qué?, ¿Para qué? En: Magazín Dominical. El Espectador. 27 de febrero. Bogotá.