Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Ahora más que nunca en el sector salud surge la pregunta sobre la importancia de la cantidad vs. la calidad de los profesionales que requiere el país para enfrentar los retos de la salud.
Ya sabemos que los recursos financieros son limitados, que la intermediación es un buen negocio para unos pocos, que la corrupción ha destruido lo poco o mucho que se había logrado, que los medicamentos son muy costosos, que existen grandes fallas en registro, análisis y seguimiento de la información y que no se está cuidando de manera adecuada este derecho fundamental de la salud.
Ahora bien, ¿cómo es la situación del recurso humano? ¿Qué tipo de análisis y planeación han orientado la formación de profesionales de la salud en nuestro país? O, quizá, ¿hemos permitido simple e irresponsablemente que las leyes de la oferta y la demanda en la educación médica orienten esta importante decisión? Según estándares internacionales, parecen ser necesarios cerca de 50 mil médicos para atender 50 millones de habitantes (un médico por cada 1.000 habitantes) y probablemente estamos cerca de esta cifra. La pregunta de fondo es el perfil, la calidad y el rol específico de cada médico dentro del sistema. ¿Todos deben saber de todo? ¿Es esto realista y responsable? ¿Cuál es la calidad de estos profesionales? ¿Cuánto tiempo tienen para cada paciente? ¿Cómo es el sistema de remuneración? ¿Qué indicadores han sido analizados en nuestro sistema de salud para tomar estas medidas? ¿Cuáles han sido las consideraciones éticas?
Las empresas exitosas parecen tener muy claro qué tipo de personal se requiere para optimizar su operación y gestión. Los procesos de selección de talentos y los sistemas de contratación y remuneración deben ser acordes al perfil de cada profesional o empleado.
Para una empresa tan grande y compleja, como nuestro sistema de salud, es preocupante que no lo tengamos claro. Naturalmente, si los objetivos y la estructura del sistema no están claros, mucho menos la calidad y cantidad del recurso humano indispensable. Si bien es cierto que a veces la solución está muy lejos del médico, quizás en el diseño urbano, en el Ministerio de Agricultura o en el de Hacienda sería muy útil que tengamos claro cuántos médicos y qué tipo de formación de pregrado y posgrado necesita realmente el país.
Me permito sugerir un trabajo más metódico, académico y objetivo entre el Ministerio de Salud y las facultades de Medicina, no con unas pocas, ni con aquellas que por conveniencia propia permiten medidas que sólo benefician a algunos. El número y la calidad de médicos que formamos y que necesita el país no puede seguir siendo un producto del azar o de intereses gremiales. Todos sabemos que hemos descuidado la calidad de nuestros médicos en el afán de graduar muchos, sin tener claro para qué. El número de cirujanos, internistas, pediatras o ginecólogos que estamos formando tampoco puede seguir siendo el resultado de un privilegio de los pocos colegas que puedan pagar una muy costosa educación de posgrado.
* Especialista en Medicina Interna y Doctorado en Medicina del Deporte
www.johnduperly.com – @johnduperly