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En EE.UU. Llegó la hora de la unidad

Si algo dejó claro el resonante triunfo de Barack Obama fue la profunda división que vive Estados Unidos.

John Boehner, líder republicano en el Congreso, le tendió la mano al presidente Barack Obama.  / EFE
John Boehner, líder republicano en el Congreso, le tendió la mano al presidente Barack Obama. / EFE

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La votación no sólo demostró un nuevo mapa demográfico —afroamericanos, hispanos, mujeres y otras minorías ignoradas por los republicanos resultaron claves a la hora del triunfo—, sino que puso en evidencia la gran dificultad de que los estadounidenses se pongan de acuerdo. Temas como impuestos, sistema de salud, aborto, matrimonio homosexual, medio ambiente y política exterior son apenas algunos que reflejan que la brecha es muy grande y que, según analistas, ha llegado a este nivel por cuenta de los políticos.

Las elecciones legislativas que dejaron a la Cámara de Representantes bajo control republicano y al Senado en manos demócratas hacen pensar que el panorama en los próximos cuatro años para Obama podría ser una copia de su primer gobierno, cuando los republicanos decidieron bloquear todas sus iniciativas. Todavía resuena en los pasillos del Congreso la voz de Mitch McConnell, líder de la minoría republicana en el Senado, al decir en 2010 que su prioridad y la de su partido en el Congreso era lograr el fracaso de Obama. Un mal cálculo político que obliga ahora a los republicanos a cambiar de estrategia.

En un intento por evitar un futuro incierto, Obama invitó al Congreso a forjar soluciones bipartidistas para los problemas del país. “Debemos poner los intereses del pueblo y la economía de Estados Unidos por encima de los intereses partidistas”, les dijo cuando los líderes del partido apenas comenzaban a asimilar la derrota y las razones de ésta.

La gran cuestión es si los republicanos darán finalmente su brazo a torcer y permitirán un acuerdo para que los impuestos no suban para la clase media a partir del 1º de enero, cuando vence el plazo de una medida adoptada bajo la presidencia de George W. Bush (2000-2008). Obama quiere un aumento de impuestos a los más ricos para recortar el déficit, pero los republicanos que controlan la Cámara de Representantes se niegan.

Sin embargo, en un gesto sin precedentes, el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, aseguró que está dispuesto a llegar a un acuerdo presupuestario con el presidente. “Señor presidente, este es su momento. Estamos dispuestos a que nos lidere. No como republicanos o demócratas, sino como americanos. Buscamos su liderazgo”, dijo Boehner. “Si hay un mandato en los resultados es el de que busquemos una forma de trabajar conjuntamente, para encontrar soluciones a los desafíos a los que nos enfrentamos como nación”, agregó Boehner.

La derrota de Mitt Romney dejó al Partido Republicano sin un líder y con muchas lecciones por aprender, entre otras no ignorar a las minorías. Por eso Boehner, explican analistas, actuó con rapidez. “Ahora, el partido tendrá que enfrentar su triste suerte y no se podrá oponer a ninguna de las iniciativas, incluso a la de la reforma migratoria, que ahora sí deberá ser aprobada, pues los dos partidos ya se dieron cuenta del poder de los hispanos”, explicó Malcolm Seronal de la Universidad de Miami.

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