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En una polémica decisión, Kim Jong Un, máximo dirigente de Corea del Norte, ordenó la destitución de Chang Song Thaek, considerado como número dos del régimen.
Las informaciones difundidas por las agencias oficiales norcoreanas, señalan que el Partido de los Trabajadores habría tomado la decisión por la conducta “criminal”, de quien hasta hace poco era un poderoso líder del régimen estalinista.
Una postura extraña ya que se trataba de alguien que contaba con la confianza de Kim Jong Un, además de aparecer como su mentor político. No obstante, el comunicado oficial del Partido señala que: “Chang y sus partidarios han cometido actos criminales que sobrepasan la imaginación, y le han causado un mal enorme a nuestro partido y a nuestra revolución”.
A pesar de su relevancia en el Partido de los Trabajadores que lo llevaron a manejar temas económicos, de seguridad y en general de la alta política, Chang había sido proscrito por el régimen. En 2004 y por los cargos de corrupción fue “reeducado” como trabajador en el sector del acero. Sin embargo, en 2007 recuperó buena parte de sus credenciales y con ello, las funciones vitales en el poderoso Partido de los Trabajadores.
Todo parece indicar que el hecho de ser percibido en el exterior como un moderado en términos económicos, habría jugado en su contra. Se le consideraba como uno de los impulsores del modelo económico chino en Corea del Norte. Por ende, su salida se habría debido a su carácter moderado que lo haría dueño de la clave del cambio (claro está, transformación que debe ser entendida al compás de las circunstancias de un régimen con semejantes niveles de aislamiento y rigidez). La decisión de Kim Jong, a su vez, puede leerse como un mensaje hacia adentro y hacia afuera. Desde su llegada al poder, el líder norcoreano no ha dejado de procurarse una imagen de poderoso, como si le preocupara en extremo ser leído como débil.
Se debe recordar además que la decisión de Pyongyang llega en momentos en que el nacionalismo en la región ha provocado numerosos incidentes entre vecinos, en una zona donde las disputas históricas y territoriales no son pocas. Además de los problemas entre las dos coreas, hace poco se presentaron tensiones militares entre China y Japón por el sobrevuelo de aeronaves en áreas en litigio, existe también una disputa que se ha revivido entre Seúl y Tokio por las Islas Dokdo/Takeshima y la llegada en Japón de Shinzo Abe como premier, fue una clara reafirmación de un nacionalismo amenazante. Y por si fuera poco, a comienzos de este año, Kim Jong Un prometió una guerra valido de misiles balísticos contra posiciones estadounidenses del Pacífico.
En esta atmósfera, la destitución de Chang como indicio del poder desmesurado de Kim Jong Un resulta preocupante. Corea del Norte confirma, una vez más, que está dispuesta a todo con tal de llamar la atención del mundo.
Mauricio Jaramillo Jassir*