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El guarismo de precios al consumidor de noviembre de 2013 para Colombia fue el más bajo en 58 años. Nicolás Maduro en Venezuela se puede poner verde de la envidia con su 54% de inflación: debe tratar de entender que el suyo es un problema de economía que no de policía.
De hecho, hay alguna relación entre la inflación excesiva en Venezuela y la baja en Colombia: las ciudades colombianas con mayores reducciones de precios están cerca de la frontera, como Cúcuta (-0,46%), Riohacha y Valledupar, en lo cual confluyen dos factores: el contagio de condiciones recesivas en Venezuela y la llegada de muchos productos subsidiados y pagados con el peso fuerte, ante el desespero de Maduro.
El Banco de la República bien puede felicitarse por el resultado, pero está incumpliendo su meta: la inflación va en 1,76% anualizada, por debajo del 3% que es el centro del rango con que guía las expectativas de los agentes, lo que puede traer consecuencias nocivas para algunas empresas y personas.
La baja inflación significa que el aumento del salario mínimo del año pasado del 4% dio lugar a un mayor poder adquisitivo de los trabajadores; se beneficiaron también los que pudieron recurrir a la negociación colectiva. Los más afectados negativamente fueron los agricultores, porque el aumento anual que recibieron fue de sólo 0,.6%, comparado con 3% en 2012. La papa cayó 7,7% y el plátano 3%. Se ha venido a saber que el problema no son las importaciones por los tratados de libre comercio, sino las que llegan de contrabando de nuestros vecinos.
Lo que debe preocupar al Banco de la República es que la baja inflación refleja un debilitamiento de la demanda que hace que la economía opere por debajo de su capacidad productiva. Una de las fuentes de su pérdida de dinamismo es la baja de las exportaciones, que en octubre registraron una reducción de 10% sobre el nivel de 2012. En sentido contrario, ha comenzado un proceso de devaluación del peso, que debe elevar los precios de los bienes transables y los ingresos de los productores nacionales.
Otra fuente de preocupación para el banco central es que la inflación demasiado baja da lugar a una redistribución del ingreso de los deudores hacia los acreedores. Una empresa que esté vendiendo a precios por debajo de sus expectativas, se verá apretada para cumplir con el servicio de sus deudas contraídas en el pasado y deberá ajustar sus otros gastos, incluyendo la nómina. De esta manera, una espiral de precios a la baja puede desatar una ola de despidos y una recesión cada vez más profunda.
¿Qué se puede hacer frente al riesgo de deflación? La responsabilidad no es sólo del Banco de la República, sino también del Gobierno, que debe gastar más y rápido para fortalecer la demanda agregada, pero que está maniatado por su rígida regla fiscal y por las leyes que restringen su gasto en época preelectoral. El banco puede reducir su tasa de interés, adquirir más dólares y comprar bonos públicos para aumentar la cantidad de dinero, con el riesgo de que la liquidez vaya a inflar sólo los precios de acciones y de la propiedad raíz y no los del resto de bienes y servicios. Las autoridades no la tienen fácil; por lo menos, debieran ahorrarse sus partes de victoria.
Adenda: ¿Por qué la Corte Constitucional tiene engavetada una tutela que obligaría a Pedro Gómez a suspender su edificación ilegal de tres torres de apartamentos en el antiguo parque de Patiasao en Rosales?