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El resultado de la reciente cumbre de Naciones Unidas sobre cambio climático (CC) en Varsovia, señala que en el corto plazo no se tomarán medidas significativas para disminuir las emisiones que generan el efecto invernadero.
Tampoco se definió un compromiso para compensar a los países que están sufriendo los efectos del CC y que no son responsables de este fenómeno, debido a su bajo nivel de emisiones. Dada la vulnerabilidad de Colombia frente al CC, debemos tomar acciones para disminuir sus efectos negativos y mejorar nuestra capacidad de adaptación ante los cambios que estamos viviendo y los que están por venir.
El cambio en el régimen e intensidad de las lluvias está disminuyendo la posibilidad de producción de alimentos, pues los productores, especialmente los campesinos, definían fechas de siembra y cosecha de acuerdo al comportamiento esperado del clima. Dadas sus variaciones, debemos mejorar la capacidad de regulación hídrica en las cuencas productoras y así disponer del agua necesaria para que los cultivos prosperen. Hay que mejorar los reguladores, naturales y construidos, para manejar el flujo de aguas. Es decir, mejorar la cobertura boscosa en la parte superior de los ríos y quebradas; recuperar las ciénagas y zonas inundables que regulan el caudal; construir pequeños reservorios de agua para disponer de ella en la época seca. Todo lo anterior favorece la producción de alimentos y además disminuye el impacto de las crecientes sobre nuestras carreteras, donde hay que rediseñar puentes y drenajes para que las lluvias torrenciales, propias del CC, no las destruyan.
Dado que somos un país con cerca de la mitad de nuestro territorio continental cubierto por bosque, la aprobación en Varsovia de US$280 millones adicionales para REDD+ (Reducción de las emisiones debidas a la deforestación y degradación) genera oportunidades para relacionar nuestra política de tierras con la compensación internacional por la disminución de la quema del bosque. Debemos elaborar propuestas para acceder a estos recursos, relacionándolas con los propósitos de desarrollo local. Más aún cuando en el posconflicto enfrentaremos la necesidad de orientar adecuadamente el manejo de áreas de gran fragilidad ecosistémica que, actualmente, están siendo intervenidas sin atender los principios del ordenamiento ambiental territorial.
En las negociaciones internacionales, Colombia debe ser agresiva. Presionar por la transferencia de recursos financieros y por acuerdos que hagan efectiva la disponibilidad gratuita de tecnologías limpias en los países que las necesitamos para adaptación y mitigación del CC. De otra parte, debemos pensar qué hacer y cómo manejar el hecho de que somos exportadores de carbón, mineral que al ser quemado genera importantes emisiones de CO2.
La próxima reunión de CC se realizará el año entrante en Perú, así que debemos empezar a prepararnos para llevar propuestas concretas que generen acuerdos efectivos y eficientes para nuestras economías. Somos de los países de bajo nivel de emisiones que con mayor intensidad estamos viviendo los efectos del CC. Hay que trabajar localmente y llevar propuestas globales para la mitigación y adaptación al CC.