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Martha Nussbaum asegura que, entre otras cosas, la capacidad de la ciudadanía para razonar lógicamente es un atributo que podría garantizar la buena salud de la democracia. Además de ser una herramienta útil para autoexaminarnos en busca de prejuicios insostenibles a la luz de la lógica (“todos los … son unos …”) y que pueden derivar en acciones que atenten contra los derechos de otros, sirve también para, al menos, develar políticas que se sustentan en razonamientos controvertibles: “los homicidios colectivos crecen en proporción directa con las hectáreas de coca, luego hay que fumigar”. No se está diciendo que el dominio de los adecuados procedimientos de la lógica nos brinde armadura inconcusa contra la tiranía, pero con seguridad puede ponerle trabas a su emergencia.
La lógica, por ejemplo, nos permite ver de qué manera el expresidente Uribe usa maniobras de prestidigitador veterano para hacer pasar dos argumentos, harto diferentes, como el mismo. Su trino borrado, en esencia, rezaba que la Fuerza Pública tiene el derecho a usar sus armas de dotación para defender su integridad, personas y bienes. Había además una premisa tácita y falsa: los manifestantes ejercen terrorismo vandálico al atentar contra la integridad de la Fuerza Pública, bienes y gente. La conclusión es conocida: es legítimo que la Fuerza Pública use sus armas de dotación en contra de los manifestantes. Por su parte, el trino con el que supuestamente ratificó su consigna afirmaba que los civiles solo deben desarmarse en algunos casos, que no debe desarmarse a la Fuerza Pública por las funciones que cumple, y que, por lo tanto, no puede negarse a la Fuerza Pública usar sus armas de dotación para defender su integridad.
Si revisamos con detenimiento las conclusiones de los razonamientos, que parecieron convertirse en órdenes, podemos ver que no enuncian lo mismo. El primer tuit expresa abiertamente que debe dársele legitimidad al hecho de que la Fuerza Pública use sus armas en contra de los ciudadanos que protestan pues, por un razonamiento incorrecto de generalización apresurada pero para nada inocente, todos los marchantes también son vándalos —o guerrilleros disidentes—. Sentencia tan macabra no pudo ser menos que borrada. La segunda conclusión, la que quiso y quiere hacernos pasar por idéntica, dice, en cambio, que no puede negársele a la Fuerza Pública usar sus armas si su vida e integridad se ven comprometidas (cosa difícil de controvertir a la luz del derecho y el sentido común). La conclusión omite otras aristas del asunto, como la de la proporcionalidad, pues también es controvertible que una patada y una bala sean equiparables. De cualquier modo, es bastante distinto decir eso a que es legítimo disparar contra manifestantes.
Como vemos, la lógica, lejos de ser asunto exclusivo de matemáticos o filósofos, por la salud de la democracia, debería ser materia obligatoria en los colegios, justamente para evitar en política cosas como el famoso ejemplo algebraico de que es posible demostrar que 2 = 1.
Sebastián Laguna. Licenciado en Ciencias Sociales, Universidad Pedagógica Nacional.
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