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La línea roja que puede desatar una guerra en Libia

Egipto amenazó con intervenir militarmente Libia si el Gobierno de Unión Nacional (GNA), apoyado por la ONU, llega hasta la ciudad de Sirte. Las potencias europeas reaccionaron y afirmaron que una guerra sería el peor de los panoramas.

Un luchador leal al Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) de Libia, reconocido por la ONU, posa para una foto.
Un luchador leal al Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) de Libia, reconocido por la ONU, posa para una foto.
Foto: AFP - Agencia AFP

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Históricamente Libia, como muchos de sus vecinos africanos, ha sido un país controlado por fuerzas extranjeras. Desde 2011, cuando empezó su violenta guerra civil, tras la muerte del exlíder Muamar Gaddafi, la cosa no ha cambiado. Lo que hay ahora son dos fuerzas enfrentadas y patrocinadas cada una por bloques de países europeos que tienen intereses diferentes. En los últimas días el conflicto ha adoptado una de sus peores formas y hasta se ha planteado la posibilidad de una intervención militar.

Explicar el problema es complicado, por sus muchas aristas y porque en su territorio se enfrentan milicias tribales, yihadistas y mercenarios, en una guerra muy cambiante que se ha enredado con el paso del tiempo. Lo clave que hay que entender es que, desde 2015, el Gobierno de Unión Nacional (GNA), con sede en Trípoli y reconocido por la ONU, enfrenta al mariscal Jalifa Haftar, hombre fuerte de la región oriental del país. Este último ha sido apoyado por países como Emiratos Árabes y Rusia.

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Las tensiones actuales vienen de diferentes frentes. Los gobiernos de Francia e Italia han tenido roces con Turquía para convencerla de que no intervenga más en los asuntos libios, pues a pesar de que en el país hay un embargo de armas, se estima que el Ejecutivo de ese país ha enviado equipamiento militar al GNA. De hecho, el ministro de Relaciones Exteriores italiano, Luigi di Maio, se entrevistó este miércoles con el jefe de ese gobierno, Fayez al Sarraj, en el que coincidieron en “la necesidad de retomar el proceso político y acabar con las injerencias extranjeras negativas”, según un comunicado.

Por su parte, el gobierno turco ha acusado nuevamente al presidente francés, Emmanuel Macron, de apoyar a las fuerzas rebeldes. “Si el señor Macron rebuscara en su memoria y utilizara el sentido común recordaría que las dificultades que atraviesa Libia se deben a los ataques del golpista Haftar, al que apoya”, afirmó el portavoz del Ministerio turco de Relaciones Exteriores, Hami Aksoy.

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Eso sí, todo alcanzó su máximo nivel de tensión cuando el pasado sábado el gobierno egipcio amenazó con intervenir militarmente el país, justo dos días antes de una reunión ministerial por videoconferencia de la Liga Árabe sobre Libia. La ONU reaccionó a principios de esta semana cuando su portavoz, Stephane Dujarric, afirmó: “Está claro que lo último que Libia precisa ahora mismo es más lucha, más movilización militar, más transferencia de armas, más presencia de combatientes extranjeros como de mercenarios en su terreno”.

Según el analista político Khaled Fouad, Egipto ha cobrado relevancia por una estrategia interna de Al Sisi: “Al comienzo de su gobierno, Al Sisi intentó entrar en alianzas regionales e internacionales que le darían cierta legitimidad, debido a que no la tenía en su país. Estas han impuesto una serie de decisiones sobre su régimen. En lugar de cumplir con las demandas e intereses de la nación, que no lo eligió, tiene que encontrar legitimidad en el extranjero”, aseveró al medio Middle East Key.

Sirte, la ciudad clave

Los ires y venires, colmados de violencia y sangre, terminaron cediendo a Sirte a las manos de Haftar. AFP
Los ires y venires, colmados de violencia y sangre, terminaron cediendo a Sirte a las manos de Haftar. AFP
Foto: AFP - ABDULLAH DOMA

Ahora el conflicto parece que confluirá en la ciudad de Sirte, un punto estratégico entre el este y el oeste de Libia, que además de ser la ciudad natal de Gaddafi, es la base de operaciones de las fuerzas del mariscal Haftar y la línea roja que el gobierno egipcio advirtió que no puede ser cruzada por parte de los países europeos.

La ciudad está formada históricamente por aldeas dispersas, con una población rural perteneciente a cuatro tribus principales: los Gadafa, clan al que pertenecía Gaddafi, los Werfalla, los Forjane y especialmente los Magariha, los partidarios más leales del exlíder. En su mejor época llegó a tener una población de unos 120 mil habitantes, pero muchos de ellos huyeron durante la revolución de 2011 o después de que el Estado Islámico pasara a controlar la región en 2015.

Los ires y venires, colmados de violencia y sangre, terminaron cediéndola a las manos de Haftar, quien parece estar en su peor momento del conflicto frente a las fuerzas del GNA. Los países europeos que la apoyan, sin embargo, ya están advertidos, y cualquier error de cálculos podría desatar una guerra internacional.

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