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Hijo del barrio Policarpa Salavarrieta, en el sur de Bogotá, Fabián Vargas es uno de los nombres más reconocidos del fútbol capitalino. Campeón de la Copa América 2001 con la selección de Colombia, construyó una carrera marcada por títulos en clubes de peso en el continente.
Con América de Cali fue tricampeón del fútbol colombiano y conquistó la Copa Merconorte de 1999. Con Boca Juniors, se consagró cuatro veces campeón de Argentina y levantó la Copa Intercontinental de 2003, además de dos Copas Sudamericanas (2004 y 2005) y dos Recopas Sudamericanas (2005 y 2008).
Más adelante, con Internacional de Porto Alegre, fue campeón del mundo en 2006 y obtuvo la Recopa Sudamericana de 2007. Su trayectoria internacional también incluye pasos por Almería de España, AEK de Atenas, Barcelona de Ecuador y Millonarios de Colombia.
Esta vez, sin embargo, Vargas no habló del fútbol profesional ni de los títulos que marcaron su carrera, sino del camino para llegar a él y del papel que cumplen los padres en el acompañamiento de niños y jóvenes que sueñan con ser futbolistas.
El exfutbolista conversó con El Espectador durante uno de los Campamentos de Fútbol de la Ruta Bancolombia, realizado en la cancha del barrio Molinos II, en el sur de Bogotá, donde participaron 200 niños, niñas y jóvenes de la capital.
¿Qué es lo más importante que una familia le puede transmitir a ese hijo que quiere ser futbolista?
Lo primero que todo es que tienen que tener claro que llegar a ser futbolistas no es fácil. El filtro es muy grande y tienen que centrarse en que el deporte sea un acompañamiento en la formación integral de sus hijos.
Creo que lo que tienen que transmitirles es valores, que son la base angular para tener personas de bien para la sociedad. El deporte les va a ayudar en ese crecimiento personal.
Pero tienen que dejarles de meter presión a esos niños y a esas niñas de que van a ser futbolistas profesionales, porque si no van a crear personas que van a tener una frustración grande.
Entonces, tienen que tener claro ese rol como padre: de ser un acompañante, ser un guía y ser alguien que apoye a sus hijos en lo que quieran emprender en la vida.
¿Cómo manejar esa presión?
Los papás tienen que tener claro que no pueden meterle presión a los hijos. Lamentablemente, el fútbol ahora se ve como una salida, como una escapatoria de vida, y empiezan a meterles presiones a niños de siete u ocho años, que tienen que ser los salvadores de la familia, y eso no tiene que ser así.
Los papás tienen que entender su rol y saber que el deporte lo pueden utilizar como una herramienta transformadora, una herramienta que les ayude en la formación. Tienen que enfocarse en que sean personas de bien, que en un futuro le sirvan a la sociedad y a la comunidad.
El deporte, estoy seguro, sí les va a ayudar en eso: les va a entregar muchas herramientas, les va a reforzar esos valores de los que hablo para que sus hijos, en lo que quieran hacer o en lo que puedan hacer en la vida, sean los mejores; sean personas disciplinadas, personas que sepan trabajar en grupo, que sepan ser líderes, que sepan gestionar emociones, que eso es importantísimo en la vida.
Pero presión no puede haber ninguna. Tienen que llevarlos a que disfruten, a que sean felices.
¿Cómo acompañar ese proceso sin descuidar el estudio?
Tiene que ser un complemento. Por eso hablo de esa formación integral, porque no es solamente pensar en que van a ser futbolistas profesionales; porque de 10.000 llega uno y el filtro es muy cerrado.
Entonces, que entiendan para qué les puede servir, qué aliado puede ser tanto el deporte como la educación, que es fundamental en esa formación del ser humano.
¿Cuáles son esos valores que sostienen una carrera como futbolista?
Para mí, uno de los valores más importantes, y de los cuales yo puedo hablar, es el respeto. Creo que es la base de absolutamente todo: respeto hacia uno mismo, su cuerpo, su integridad, hacia la familia, hacia los profesores, hacia los demás, hacia tu comunidad. Desde ahí parte absolutamente todo.
Después, obviamente, está la honestidad. Es algo importantísimo y en este país tenemos que trabajar mucho más en eso, porque creo que es una de las grandes fallas de nuestra sociedad, que no hay honestidad.
Después, la solidaridad, para aprender a trabajar en grupo, para saber que tienes que ponerte en los zapatos de las demás personas a la hora de tomar decisiones, a la hora de hacer cosas, que esté dentro del respeto, porque tienes que tener ciertos lineamientos.
Y creo que en ese sentido el fútbol te ayuda a reforzar este tipo de valores que muchas veces niños que llegan a trabajar en academias de fútbol no los tienen o vienen de problemáticas grandes a nivel de familia y que, por medio del fútbol, podemos o reforzárselos o ayudar a integrarlos en su vida cotidiana.
¿Cómo fue su relación con sus papás durante su carrera?
Espectacular. Mis padres son la piedra angular, son la base de lo que yo llegué a conseguir. Les agradeceré por siempre desde sus enseñanzas, porque me dieron una formación 360, una formación integral, donde buscaron que el deporte me salvara a mí de las diferentes problemáticas que sufrimos en los barrios populares en nuestro país, que me alejara de esas problemáticas, de esos vicios, de tantas cosas que vemos en los diferentes barrios de Colombia.
Les agradeceré por siempre porque, desde el amor, desde el respeto, el entender una pasión que yo tenía, me fueron guiando para que persiguiera ese sueño que tenía y me apoyaron desde el minuto uno para que yo pudiera conseguir lo que me propuse.
¿Cuál sería el consejo para los padres que tienen a sus hijos en una escuela de fútbol?
A ellos, agradecerles, porque eso conlleva tiempo, conlleva dinero, conlleva un esfuerzo. Invitarlos a que entiendan cuál es ese rol que tienen ellos como formadores, como acompañantes de sus hijos, de ser guías, de llevarlos a que disfruten.
Esto es un aprendizaje desde el juego, y qué mejor manera de aprender que sea jugando. Entonces, invitarlos a que sigan acompañando, que sigan haciendo ese esfuerzo, porque sé que no es fácil, sé que conlleva tiempo, sé que conlleva dinero, pero va a ser la mejor inversión que van a hacer en esos niños y en esas niñas.
Una inversión que van a agradecer para toda la vida y que sus hijos, cuando estén más grandes, se los van a agradecer por siempre.
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