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China ha logrado que, cuando se piense en movilidad verde, su nombre salga a relucir, no solo por lo que vienen haciendo en el interior de sus ciudades con vehículos eléctricos o bicicletas compartidas, sino también con su atención a implementar un transporte público eficiente y sostenible.
Esto, en parte, es el resultado de una apuesta por la fabricación y exportación de autobuses eléctricos y autónomos, la cual les ha representado no solo un cambio en la forma de movilizarse internamente, sino también el mostrarse como un sistema modelo para otros países que buscan reducir su huella de carbono.
¿Qué dicen las cifras? Según el China Bus Industry Report 2019-2025, el gigante asiático se ha consolidado como líder indiscutible en la fabricación de autobuses, siendo responsable de casi el 50 % de la producción mundial. Su capacidad industrial, la innovación tecnológica y su visión hacia el futuro no solo empapan a las otras naciones, sino también les ha permitido migrar a un sistema de transporte mucho más inteligente. En 2022, según reporta Statista, China contaba con unos 455.500 autobuses urbanos y trolebuses eléctricos, que representaron el 64,8 % de la flota de autobuses del país.
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Detrás de estos resultados están inversiones locales en infraestructura y tecnología de billones de yuanes, así como planes gubernamentales enfocados únicamente en mejorar la conectividad vial, lo que se complementa con las innovaciones de empresas fabricantes, como Yutong, King Long, BYD y Ankai, que han logrado llegar a mercados como Francia, Reino Unido, Arabia Saudita y, en América Latina, a Chile, México, Perú, Colombia, entre otros.
Yutong, que ha liderado la producción y ventas chinas durante más de 20 años consecutivos, por ejemplo, dice que destina un 7 % de las ventas anuales en el rubro de innovación. Gracias a esto, las flotas del país cuentan con tecnologías propias, como la YEA (Yutong Electric Archiecture), con la que integra y controla todo el sistema de software y hardware de los buses, lo que permite realizar diagnósticos remotos y otras mediciones que generan datos para el desarrollo de más tecnología.
En la actualidad cuenta con una participación del 36,1 % en todo el mercado local y del 10 % en el mercado mundial. En Colombia su participación aún no es muy significativa, con cerca de 800 vehículos en circulación; cuando se habla de América Latina, su atención está más en países como Chile, Brasil y Perú.
Para los analistas, la capacidad del país asiático para liderar este mercado también está vinculada a su rica y disciplinada cultura. Carlos Alberto Chaves, profesor de la Universidad Santo Tomás y experto en Asia, destaca que “la cultura china se ha caracterizado por analizar con rigor al mundo y aplicar fortalezas de otras culturas”. Esta adaptabilidad, combinada con valores como la innovación y la eficiencia, ha permitido a las empresas competir globalmente.
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Entre los avances que logran estas multinacionales no solo está la electromovilidad, sino también la resistencia de la batería, la durabilidad de la pintura o los asientos y la autonomía. Actualmente, ciudades como Wuxi, Chongqing y Zhengzhou ya cuentan con buses autónomos en sus calles, en la mayoría de los casos en espacios controlados como centros financieros o con la ayuda de un conductor de seguridad, que aunque no se encarga de manejar el bus, está en todo el recorrido para reaccionar en caso de que se genere una emergencia.
Para los expertos, este tipo de tecnologías podrían ayudar a la crisis de conductores, un problema que aqueja al sector transporte y a la industria logística no solo en China, sino en todo el mundo (incluso en Colombia), por factores como el envejecimiento de la población y las condiciones laborales, que frenan lo que se conoce como el relevo generacional, y que puede afectar los costos en toda la cadena del transporte.
Estos avances permiten preguntarse si Colombia lo está haciendo bien en cuanto a movilidad sostenible y si en algún punto podría contar de manera masiva, por ejemplo, con sistemas de transporte autónomos. Al respecto, Young Tae Kim, secretario general del International Transport Forum, precisa que uno de los principales desafíos que enfrenta el país es hacer que sus carreteras sean seguras para todos, no solo buses, sino también carros, motos, bicicletas y peatones.
“América Latina, incluida Colombia, tiene el potencial de explorar sistemas de transporte autónomos, pero la pregunta más importante es cómo estas tecnologías podrían responder a las prioridades de la región”. Kim también señala que “los buses sin conductor tienen un potencial emocionante para el futuro, especialmente en la mejora de la eficiencia y la confiabilidad de los sistemas de transporte público”. Sin embargo, implementar estas innovaciones requiere una infraestructura adecuada y una visión política que priorice el transporte sostenible.
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¿Hacia dónde va la industria?
Según datos de Statista, se espera que en 2025 las ventas de autobuses en China alcancen las 590.900 unidades, con un crecimiento anual compuesto del 2,45 % entre 2025 y 2029. En 2029 el volumen de mercado proyectado escala hasta 650.000 vehículos y la producción podría llegar hasta 670.000 unidades.
En palabras de Young Tae Kim, “un sistema de transporte sostenible es la base para generar oportunidades: conecta a las personas con empleos, escuelas y servicios esenciales. Cuando el transporte se vuelve más accesible y asequible impulsa el crecimiento personal y económico”. En este sentido, la experiencia china ofrece valiosas lecciones para Colombia y otros países de la región, y los invita a repensar sus sistemas de transporte.
“En Colombia, mejorar el transporte podría transformar comunidades enteras. Conexiones rurales más sólidas, carreteras más seguras y un mejor transporte público pueden abrir nuevas posibilidades para millones de personas. Más allá de la movilidad, el transporte sostenible genera aire más limpio, reduce la congestión vehicular y hace que las ciudades sean más habitables (…) el transporte es una base para el progreso”, añade el experto.
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Entre las lecciones posibles se encuentran:
-Inversión en infraestructura: construcción de corredores eléctricos y estaciones de carga para facilitar la adopción masiva de vehículos eléctricos.
-Incentivos para la transición: beneficios fiscales y subsidios para empresas y ciudadanos que adopten tecnologías de movilidad sostenible.
-Desarrollo de tecnologías propias: promoción de la innovación local para generar empleo en el sector.
-Exploración de transporte autónomo: pilotaje de buses autónomos en entornos controlados para evaluar su viabilidad y seguridad en el contexto local.
-Impulsar la cultura: fomentar una cultura de innovación y tecnología para contar con profesionales en el campo que puedan aportar a la transformación.
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