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No obstante, los líderes que se reunieron en San Petersburgo lograron formular el paso de las palabras al papel por las fracturas cada vez mayores en la economía mundial. A medida que los países ricos se recuperan y comienzan a dar fin a la política monetaria ultralaxa, los efectos se están sintiendo sobre el mundo en desarrollo, pues los inversionistas retiran fondos y generan presión sobre las divisas y los mercados financieros.
Funcionarios de EE.UU. dijeron que, mientras que el relajamiento cuantitativo parecía dominar el comunicado político de los países del G-20 en la cumbre, como China, Brasil e India, la discusión fue en general cordial y muchos estados miembros reconocieron que lo que sea bueno para Washington es bueno para el crecimiento mundial.
India, que ha visto el colapso de la rupia, quería un lenguaje fuerte que enfatizara la necesidad de que EE.UU., en particular, reconociera el daño que podría causar por una desaceleración rápida o inesperada de su programa de relajamiento cuantitativo.
El comunicado del G-20 habló sobre la necesidad de que los bancos centrales “calibren con cuidado y comuniquen claramente” los cambios en la política monetaria para contener los riesgos.
Las economías avanzadas han dicho por su parte que el problema del ajuste a la nueva fase en el crecimiento mundial es en su mayoría a causa de la ausencia de reformas en ciertos países que han sido golpeados por la turbulencia.
El comunicado sugiere que Washington debería pensar más allá de sus fronteras cuando desacelere su incentivo: “Nos comprometemos a cooperar para que las políticas apoyen el crecimiento mundial y la estabilidad financiera”.