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Impotencia, desespero, nervios, inseguridad y errores son adjetivos que se quedan cortos para describir lo visto en los jugadores de Millonarios ante un Cortuluá que llegó goleado a Bogotá, pero que con orden e inteligencia se devolvió victorioso a casa.
Ante los vallecaucanos nada quedó de ese equipo que venció a Santa Fe y que luego salió derrotado en Cali, pero al cual se le aplaudió la actitud de un segundo tiempo que sólo empañó la gran actuación del arquero del América.
En cambio el guardameta millonario, Juan Obelar, quedó en la cuerda floja tras la actuación ante Cortuluá. Si bien había sido inconsistente en varios juegos, ante el recién ascendido su rendimiento fue tan negro como el firmamento del cielo en la noche capitalina.
Más allá del gol que encajó en la primea aproximación de Cortuluá (m. 2), fue el gran responsable de la anotación que sepultó cualquier esperanza azul de remontada, pues si bien la misma ocurrió al minuto 13, fue tiempo más que suficiente en el que Millonarios mostró todos los calificativos expresados al comienzo de esta nota.
En un tiro libre de más de 30 metros, cobrado magistralmente por John Montaño, autor de las dos anotaciones, Obelar se confió, se quedó a medio camino y ni siquiera estiró los brazos para intentar desviar el balón que se clavó en el ángulo de su mano derecha.
Fue su calvario para lo que quedó de primer tiempo. Desde entonces, el arquero uruguayo fue silbado desde la tribuna en cada balón que tocó, e incluso cuando sacó desde su propio arco, motivos suficientes por los cuales en el entretiempo no musitó palabra en el camerino y aceptó con resignación la sustitución.
La esperanza de que Millonarios mostrara en el segundo tiempo ese aire que lo llevó a remontar transitoriamente el marcador en Cali en la jornada pasada, o el empate parcial que logró con Chicó en Bogotá dos semanas atrás, mantenía inamovibles a los cerca de 6.000 hinchas presentes en el Campín.
Pero la desilusión se apoderó rápidamente de todos los asistentes cuando, tras reanudadas las acciones, siguió el desastre futbolístico del equipo.
Por su parte, el arquero de Cortuluá, Carlos Barahona, tuvo una noche de entrenamiento y no de competencia. A sus manos llegaron remates mansos, fáciles de dominar y sólo fue inquietado por dos disparos en los palos y un gol en fuera de lugar.
La paciencia se agotó en las gradas y los cánticos de aliento fueron cambiados por improperios hacia jugadores y cuerpo técnico de Millonarios, pero menos para Luis Delgado, arquero aplaudido en cada intervención que tuvo, algunas de ellas clave para evitar un marcador más abultado.
Al final Cortuluá, con poco esfuerzo ofensivo y un ordenado trabajo defensivo, se llevó la victoria y marcó diferencias en la tabla de posiciones (p. 13) con respecto a Millonarios, equipo al que empataba en partidos ganados, empatados y perdidos antes del comienzo del encuentro, pero al que ahora manda al penúltimo lugar de la clasificación.