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Sobre una columna
Deseo felicitar a El Espectador por permitir la publicación de la columna de Marcelo Caruso A. titulada “Cuba por la Vida”, y desde luego al autor por tener la valentía de escribirla a pesar de toda la inquina del Gobierno colombiano y de los retrógrados áulicos que le hacen coro denostando los esfuerzos de Cuba por ayudar a consolidar la paz que se firmó con las Farc y que tanto les disgusta.
La pequeña isla es un ejemplo de pundonor y resiliencia al haber soportado el bloqueo yanqui durante tantos años y sin embargo haberse constituido en un bastión de educación, salud y desarrollo científico, ejemplar para Latinoamérica. Este bloqueo, contrario al derecho internacional humanitario y a la libre determinación de los pueblos que tanto alegan los EE. UU., ha frenado el desarrollo de Cuba y la ha mantenido al borde del colapso. A pesar de ello sus avances científicos en salud son notables y desinteresadamente los ha puesto al servicio de la humanidad.
Recordando la Cuba del sargento Batista, en la década del 50 (siglo XX), la encontramos convertida en el gran burdel caribeño con casas de juego en cada rincón de La Habana, trata de personas y tráfico de estupefacientes, todo en manos de la mafia italo-americana dirigida por Santo Trafficante, Sam Giancana y otros de la misma laya, con el visto bueno del gobierno estadounidense.
La Revolución Cubana terminó con esa sinvergüencería, pero despertó la ira de la mafia que perdió sus bienes en la isla e impulsó el infame bloqueo.
La columna del señor Caruso hace claridad sobre la situación de la altiva República de Cuba, que pese a su difícil situación económica no se ha permitido regresar a la antigua podredumbre y orgullosamente ha mantenido su disposición de no ceder a las pretensiones de su poderoso vecino: el Tío Sam y su Gran Garrote.
Efraín Orellana
Sobre la prohibición al porte de armas y un editorial
No estoy de acuerdo. No hay estudios que certifiquen si los colombianos tenemos un gen que nos haga más violentos que el resto de la humanidad. No todo el mundo podría sufragar los costos de un arma legal. Se tendría un protocolo y unos requisitos que debería cumplir quien hiciera la solicitud. No debería tener antecedentes criminales ni de violencia intrafamiliar y debería superar un curso de manejo de armas.
Se busca un equilibrio de fuerzas que disuada a los delincuentes. La paz mundial es el resultado de ese equilibrio, que entre otras cosas es lo que busca Duque haciendo la compra de los aviones F16 frente a Venezuela. ¡Son solo algunos argumentos!
Gilberto Suárez
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