Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
En el marco de la televisada fuga del reo Urrego, el ministro de Justicia anuncia medidas para que los presos sólo puedan salir a centros médicos en casos extremos.
“Tenemos que crear las condiciones para que la gente pueda tener tratamientos médicos psicológicos o lo que sea en el mismo centro de reclusión, porque este se volvió el pretexto para organizar las fugas”, anunció, haciendo gala de gran desinformación.
Urrego no se fugó porque los presos vayan mucho al médico (se fugó porque es un alto mando en una estructura criminal poderosa y tenía los medios económicos para el soborno y la violencia). Y con niveles de hacinamiento hasta del 400%, enfermarse no es ninguna “excusa”.
Pese a la falta de información precisa sobre el estado de salud de las personas privadas de su libertad en Colombia, un estudio de mediados de 2011 alertó sobre 289 casos de VIH y 133 de tuberculosis en las cárceles nacionales. También se ha informado sobre brotes de varicela, paperas, meningitis y aumento de enfermedades psicóticas.
Contrario a lo que piensa Gómez Méndez, un problema grave es que los reclusos no pueden salir a recibir tratamiento. La mayoría de veces, grupos de no más de siete (entre médicos, enfermeros, psicólogos y trabajadores sociales) atienden planteles grandes como municipios, pues sólo casos de vida o muerte son remitidos a centros médicos, dado el incumplimiento sistemático de Caprecom (se reportan 473 quejas relacionadas con irregularidades en el servicio de esta, la EPS del Estado, a cárceles). Cuando por milagro o insistencia se consigue atención, la falta de guardianes dificulta la asistencia de los reos a citas médicas.