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La ficha más valiosa del presidente de EE.UU., Barack Obama, camino a la reelección, es el hombre que gobernó la nación desde 1993 hasta 2001 y logró el mayor crecimiento económico en tiempos de paz, equilibrio presupuestario, reducción del desempleo y de la inflación, entre otros: Bill Clinton, que hoy, a los 66 años, utiliza su popularidad para apoyar al candidato demócrata. Su discurso de ayer en la Convención Demócrata era uno de los más esperados.
La habilidad de Clinton para explicar temas económicos y ganarse a la audiencia no es innata. En la Convención de 1988 aburría con sus intervenciones y cuando debutó como gobernador de Arkansas fue vitoreado al concluir un discurso de 35 minutos.
En 2008 hizo un comentario por el que la sociedad lo condenó. “Hace unos años este muchacho nos habría llevado las valijas”, le dijo al exsenador Ted Kennedy, tratando de convencerlo de que apoyara la candidatura a la presidencia de su esposa, Hillary Clinton, y no la de Obama. Nadie pensó que el expresidente y Obama se reconciliarían después.
Pero ahora Hillary Clinton es secretaria de Estado y su esposo oficializó ayer la candidatura de Obama a la reelección y dijo que el mandatario es capaz de recuperar la economía que él materializó y traer prosperidad a la clase media. Hoy, el evento concluye con el único discurso más importante que el de Clinton, el de Obama.
El apoyo del expresidente se hizo más fuerte hace casi un año, cuando empezó a aparecer en reuniones para recaudar fondos y aplaudió el ataque que acabó con la vida de Osama bin Laden. Desde hace dos semanas Clinton sale en propagandas televisivas en las que vincula la política económica del candidato republicano, Mitt Romney, a la de George W. Bush: “la que nos puso en el aprieto en que nos encontramos”.
Así, Clinton oscurece la estrategia republicana, que consiste en hacer ver la crisis económica —resumida en una creciente pobreza, alto desempleo y lento crecimiento económico— como un signo de la mala administración de Obama.
Aunque la imagen del expresidente se vio diezmada en su segundo mandato, tras la relación descubierta con Mónica Lewinsky, hoy es tan popular como cuando llegó al poder: el 60% de los estadounidenses considera que fue un presidente excepcional, según Gallup. Hasta Romney ha calificado su programa como un “gran logro”.
El exmandatario es un embajador demócrata ante sectores como los blancos de la clase trabajadora que se resisten a apoyar al primer presidente afroamericano de EE.UU. y ante acaudalados donantes de la industria financiera. No son pocos los votos que esta estrella de la política le puede llevar a su colega demócrata. Se espera que su apoyo sea decisivo en la jornada electoral del 6 de noviembre.